domingo, 21 de diciembre de 2014

Hay historias que condicionan la vida de una persona y hay personas que condicionan la historia de su vida. La fortaleza es la virtud que va a determinar la sintaxis de cada caso concreto. Nosotros tenemos un ejemplo cercano de fortaleza en Salima. Sin recursos sociales ni posibles económicos para combatir la adversidad, Salima sólo disponía de su virtud como única arma para enfrentarse a la fatalidad y lograr cambiar la trama de la dura historia que había empezado a fraguarse sobre la vida de su familia. Salima es una persona virtuosa y uno no puede menos que profesarle un profundo respeto. El cariño que le tenemos nace de la admiración que sentimos por ella y es espontáneo y gratificante.

Y Salima también atesora la virtud de la humildad.

''Para enamorarse Dios del alma no pone los ojos en su grandeza, sino en la grandeza de su humildad'', dijo San Juan de la Cruz.

Todos podemos practicar la humildad como un ejercicio de nuestra voluntad, pero sólo unos pocos la poseen como una gracia natural de su alma. No me cabe la menor duda de que San Juan de la Cruz concibió su frase pensando exclusivamente en el segundo caso, en las personas que poseen la humildad como una cualidad congénita de su alma. En personas como Salima. Porque Salima también es para nosotros un ejemplo cercano de humildad. La humildad dignifica a todo el que la practica, pero es además adorno de quien la posee. Así de hermosa es Salima a nuestros ojos.

''Para enamorarse Dios del alma no pone los ojos en su grandeza, sino en la grandeza de su humildad.''

Seguro que Alá mide el alma de sus fieles también por el mismo rasero.

¡Ah!, y Salima es hospitalaria y buena cocinera, como pudimos comprobar el pasado 14 de diciembre, cuando nos invitó en su casa a comer cuscús, tomar té y degustar otras delicias árabes, como puede verse en el siguiente reportaje fotográfico:

El pasado 14 deciembre Salima no invitaba a comer a su casa. Después de una mañana entregada a la preparación, Salima tiene ya el cuscús practicamente preparado.


Sólo quedaban unos retoques que aprovechamos para hacer algunas fotos de los reunidos en casa de Salima.







Tanto como en la elaboración, Salima se esmeró en la presentación del cuscús como se puede ver en estas fotos.




Foto de la reunión momentos antes de que el cuscús empiece a ser servido.



Entre charla y charla fuimos dando cuenta de nuestros platos de cuscús, dicho así, en plural, porque no hubo quien no repitiese.




Salima contenta por las felicitaciones que todos les dimos por la comida.

Entre el cuscús y los postres hicimos otra serie de fotos. En esta, Salima con su amiga y compañera de cocina Malika.







Los postres árabes que siguieron al cuscús también estaban riquísimos.

Estos dulces, una masa frita con miel de entretenida elaboración, los preparó Malika.

Y para acompañar los dulces no podía faltar el té moruno, que a Salima le sale tan sabroso que no se parece a ninguno que podamos probar nunca.






La forma de servir el té es tan importante como su propia elaboración para que luego sepa tan bien.








Deliciosamente saciado nuestro apetito, prolongamos algo más la tarde de manera divertida.
Malika con su hijo Abdel.


Salima con sus hijos, Reda y Chaymae.



Foto familiar de la reunión.

Gracias, Salima, disfrutamos mucho de la comida que nos ofreciste, pero sobre todo del cariño con que nos atendiste. Gracias.


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