miércoles, 26 de agosto de 2015

Sobrecogidos por la inmensidad de nuestra insignificancia.-

Playa de Gulpiyuri.- La niebla y las nubes bajas ocultando los Picos de Europa iban a ser una constante de nuestros despertares en Asturias, aunque todos los días acabaron retirándose a medida que avanzaba la mañana, dejándonos unos días luminosos y algo de calor. Así ocurrió la mañana de nuestro cuarto día en Asturias, que amaneció como puede verse en las tres primeras fotografías, pero nos dejó una mañana como se ve en las que siguen a continuación.


Dos ángulos -el de esta imagen y la siguiente, de las vistas que teníamos desde la terraza de la casa, mientras desayunábamos.



A media mañana llegábamos a la playa de Gulpiyuri, en el concejo de Llanes; una curiosa playa sin mar, una playa tierra adentro. Además, se trata de una playa que se queda sin agua cuando baja la marea.







Esta playa hay que visitarla con la marea alta, pues -como ya he dicho- cuando ésta baja la playa se queda sin agua.













La formación de esta encantadora playa se debe a la naturaleza caliza de las rocas que han favorecido que a lo largo del tiempo el agua las haya ido horadando, hasta cavar túneles de considerable grosor y longitud. En el caso de Gulpiyuri, cuando los túneles alcanzaron unos 100 m. de longitud la erosión del agua dio forma a una cueva, que más tarde acabó hundiéndose, dando lugar a esta playita de arena fina. Dicho de un modo algo técnico, la playa de Gulpiyuri es una dolina o torca de origen kárstico .







Recreaciones fotográficas: ayudado de mi filtro de densidad neutra intenté una fotografía de larga exposición para crear el efecto seda del agua, lo que sólo conseguí a medias, dado que se trataba de una mañana soleada, espléndida.

Después de ver la playa, nos dirigimos hacia el acantilado de la zona, también de gran belleza.



Por este lugar o uno parecido el agua ha ido erosionando la roca de manera desigual para formar túneles como los que dieron origen a la playa de Gulpiyuri.



El acantilado de Gulpiyuri también era un buen marco natural donde realizar otra sesión fotográfica a las nenas.







































Bufones de Pría.- El origen kárstico de la playa de Gulpiyuri también lo es de otro fenómeno de la naturaleza que puede apreciarse en el mismo término del concejo de Llanes: Los Bufones de Pría. Se trata de chimeneas de gran profundidad que atraviesan la roca del acantilado hasta el nivel del mar, conectando con los túneles que el agua ha ido perforando a lo largo de los siglos por efecto de la erosión. Cuando la marea bate el acantilado el agua entra con fuerza por los túneles, comprimiendo el aire de su interior que es expulsado violentamente por las chimeneas o bufones, llamados así por el bufido estremecedor que producen. En los días de marejada, el aire succiona también una gran cantidad de agua que sale pulverizada a gran altura, dando el aspecto de un géiser. 


Aunque el día que nosotros estuvimos en los Bufones de Pría el mar estaba tranquilo, había que echarle valor para acercarse a la boca de uno de ellos y esperar a que del fondo de la sima empezase a escucharse la llegada del siguiente bufido. Aunque sabes que el aire soplará hacia afuera, cuando lo oyes venir te produce la sensación de que te va a absorber como si de un monstruo mitológico se tratase.

Pero había que peer en botija, para la posteridad.



Y ahora unas vistas de aquella espectacular zona.

































Esta es la playa de Guadamía, por la que se pasa para ir desde donde se deja el coche hasta los bufones.



Cueva de Tito Bustillo (Ribadesella).- No sé si cuando Picaso visitó las cuevas de Altamira precisó de unas explicaciones tan sentidas y didácticas como las que nosotros recibimos de la guía que nos enseñó la Cueva de Tito Bustillo (¡lástima!, la pregunté su nombre y lo he olvidado); pero lo cierto es que el artista malagueño, fue tajante en su apreciación. Vino a decir que después del paleolítico la pintura -el ser humano por extensión- no ha evolucionado nada, que desde entonces ningún artista, por mucho que sus obras se aprecien masivamente en los museos más prestigiosos del mundo han aportado ni un ápice a las técnicas, estilos y creatividad que ya desarrollaron aquellos ancestros nuestros, a pesar de tenerlos por primitivos y creernos evolutivamente superiores porque ellos cubrían sus vergüenzas con taparrabos, vivían en húmedas cuevas y cazaban fieras a pecho descubierto para sobrevivir.

Afortunadamente, en los últimos años he tenido la suerte de realizar varios viajes de placer y en todas partes he visto cosas que me han dejado admirado; pero hay dos situaciones que me han sobrecogido de manera particular: pisar el Coliseo de Roma y hallarme ante las pinturas rupestres de la Cueva de Tito Bustillo. Quizás fue el exceso de concienciación sobre el uso que tuvo el Coliseo lo que hizo que me estremeciese cuando entré a visitarlo; mientras que en la caso de la Cueva de Tito Bustillo quizás fue lo contrario, que me tomaba como una curiosidad sin más ver pinturas rupestres. Pero cuando me encontré ante ellas, en lo más profundo de aquella cueva sentí un sobrecogimiento tan intenso como el que me sobrevino al pisar las gradas del coliseo romano. Estaba comprendiendo que mis inquietudes y mis aspiraciones son exactamente las mismas que la de aquellos hombres del Paleolítico, que desde entonces hasta ahora no hemos cambiado nada.

A la cueva se entra por una abertura realizada en los años 70 del siglo pasado, al poco de ser descubierta, para abrirla a las visitas del público. La entrada principal, la que usaran sus moradores en el paleolítico, debió caer derrumbada por un terremoto, de ahí que la cueva no fuese descubierta hasta 1.968. El descubrimiento fue hecho por el grupo de montaña Torreblanca, al que pertenecía Tito Bustillo, que moriría tan sólo unas semanas más tarde en un accidente de montaña.



En el interior está absolutamente prohibido hacer fotos, por lo que para documentar este diario de viaje me he tomado prestada esta foto de  Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo

Y esta otra la he tomado prestada de  asturnatura.com. Las pinturas que solemos conocer, como las visitables de la Cueva de Tito Bustillo, se encuentran junto a la entrada de la cueva, que era donde se desarrollaba la vida social del grupo, por ser donde había un poco de luz. ¿Por qué pintaban? Ahora no nos vale ninguna de las suposiciones que veníamos escuchando desde que estábamos en la escuela. En la zona social solo hay representados animales. Invita a reflexionar el hecho de que el hombre lo pintasen en un lugar oculto, donde no iba a poder verlo nadie, y al que el ''artista'' llegó a rastras y alumbrandose con una tea de tuétano de fémur de algún animal cazado. Y en otro lugar oculto, en lo más hondo de la profunda cueva, se encuentra el sanctum sanctorum: el camarín de las vulvas, -¿un lugar sagrado, de veneración?- de la cueva, donde se han representado los órganos reproductores femeninos. La visita a las pinturas rupestres de Tito Bustilla es un ejercicio de humildad para comprender nuestra insignificancia.

Estas vistas de la desembocadura del Sella con las que te encuentras al acabar la visita te ayudan a superar el síndrome de Sthendal producido por la sublimidad del arte contemplado en la Cueva de Tito Bustillo.

Por aquello de la hora para la que teníamos la reserva de la visita a la cueva, comimos tarde pero bien. Después de echar una visual por la zona elegimos ''El Repollu'', con menú variado, abundante y a buen precio.

A la localidad e Ribadesella en sí le dedicamos poco tiempo; un paseo para encontrar dónde comer y otro para bajar la comida antes de meternos en el coche. Mientras las nenas miraban en una tienda yo aproveché para hacer esta foto. Poco después, carretera y manta otra vez para deshacer el camino realizado para llegar hasta aquí. Volvíamos sobre nuestros pasos para conocer ahora la capital del concejo de Llanes.


Llanes.- La tarde la dedicamos a Llanes, paseamos un poco por la localidad para llegar hasta el paseo de San Pedro, algo así como un paseo marítimo, pero de césped, elevado sobre un acantilado, por el que anduvimos en dirección al puerto pesquero para ver los cubos de la memoria; un paseo que hicimos tranquilamente, sin nada de prisa, deteniéndonos ora para sentarnos un rato a descansar y disfrutar del clima agradable que hacía, ora para contemplar las cosas que nos íbamos encontrando al paso. Una tarde relajada para recuperarnos de lo que por la mañana tuvimos que correr para llegar con hora a la Cueva de Tito Bustillo.
Aquí empieza la serie de fotos que recogen el paseo que dimos por el paseo, valga la redundancia, de San Pedro.























Desde el paseo se veía esta iglesia, acercada con el teleobjetivo, que no he conseguido identificar.

El paseo de San Pedro tiene uno de sus extremos en la Punta del Guruñu, desde donde hice esta y las siguientes fotos. A la derecha queda la playa del Sablón.



















Este es el fuerte de la Moría, desde donde Llanes se defendía de los ataques de toda clase de enemigos que la acechaban por mar.

Los Cubos de la Memoría es una obra de Agustín Ibarrola. Se trata de los bloques de hormigón que preservan la escollera del puerto de las acometidas del oleaje. Parece ser que es una obra de arte plástico no figurativo, que si la miras concienzudamente llegas a conocer la memoria del artista, del arte y del lugar.











Después de contemplar durante un rato los célebres cubos de Ibarrola, nos giramos 180 grados sobre nuestros pies para echarle un vistazo al puerto pesquero. De allí son las últimas fotos de este día.








LA JORNADA
(Los Kms. indicados son los realizados en coche aproximadamente)

CANGAS - PLAYA GULPIYURI


Kms. sector: 38,300


P. GULPIYURI - BUFONES PRIA - CUEVA T. BUSTILLO


Kms. sector: 21,400


RIBADESELLA - LLANES


Kms. sector: 31,900


LLANES - CANGAS


Kms. sector: 47,900


Kms. jornada: 139,500
Kms. Totales: 1.437,000


0 comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR TU COMENTARIO.