jueves, 31 de diciembre de 2015

Nochevieja y Año Nuevo.- Llega la última de las grandes celebraciones familiares de las navidades y, por extensión, del año, que en esta ocasión Marián y yo pasamos en casa de la abuela Antonia; celebración un tanto ''desangelada'' esta vez, pues apenas si nos juntamos unos veinte para cenar; pocos, para lo que estamos acostumbrados. Como curiosidad, señalemos que todos cupimos en el salón, que no hubo que habilitar la salita como segundo comedor, y que hasta hubo sillas o sillones para casi todos. En todo caso, aunque estamos acostumbrados a reuniones mucho más numerosas, los congregados aquella noche formábamos un grupo suficientemente amplio como para que la velada resultase de lo más variada y entretenida.
Sobre las nueve de la noche, mientras la familia iba llegando, empezó a montarse la mesa para la cena. Se trata de un proceso lento, en el que hay que ir distribuyendo minuciosamente los lugares de cada comensal para que vuelva repetirse el milagro anual de la multiplicación de las sillas y los sillones y que, seamos cuantos seamos, todos tengamos un sitio donde sentarnos a la hora de la cena. Yo dediqué esta preparación del comedor a hacer algunas fotos del proceso para contextualizar el reportaje.










Tenía puesto el teleobjetivo en la cámara, lo que aproveché para sacar algunos primeros planos de la gente que iban apareciendo por la casa.

















Pasadas las diez de la noche, con la presencia ya de todos los ''invitados'', comenzó la cena de Nochevieja, con los entremeses variados, el rollo de carne con salsa y los postres. Como siempre, Pili fue la principal artífice, aunque volvió a contar con alguna ayuda externa en la elaboración del menú nocheviejero.








Para ellos, las navidades también son un acontecimiento realmente extraordinario.



Después de la cena, se recogieron los manteles, se replegaron las mesas y en el salón se habilitó un espacio despejado delante del televisor, donde colocarnos para tomarnos las 12 uvas de la buena suerte.

Lo que hicimos, como es nuestra tradición, al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, de Madrid.

Luego vino lo de felicitarnos el año nuevo entre todos, procurando que no se te olvide nadie, uno a uno,  como se saludan los futbolistas al acabar los partidos.




Algunos tardaron más que otros en tragarse las uvas, dándose situaciones simpáticamente embarazosas.

Luego nos dispusimos a brindar por un 2.016 lleno de ventura, felicidad y salud.



Pero entre tanto alboroto, uno siempre encuentra un momento para acordarse de los que esta noche no están con nosotros.



Y valga esta última foto del reportaje para simbolizar el rato de tertulia que siguió a la cena de Fin de Año y al recibimiento del nuevo año, cuando ya nos quedamos tranquilitos tomándonos una copa.


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