miércoles, 4 de octubre de 2017

Lo normal cuando viajas es que te quedes con ganas de volver a los lugares adonde vas. También es verdad que a veces la memoria va idealizando los recuerdos con el paso del tiempo. Nosotros hemos vuelto tres años más tarde a Carboneras, en el Cabo de Gata, lo que nos ha permitido constatar que las sensaciones que conservábamos de aquellas vacaciones del 14 no se habían sobredimensionado en el magín, en el recuerdo. Carboneras ha vuelto a ser el marco de unas vacaciones de verano idílicas.
Aunque no iba a dejar la Canon en casa, en esta ocasión sólo la he sacado en cuatro momentos puntuales, para dejar el recuerdo de las vacaciones. Además, a diferencia de las vacaciones de hace cuatro años, que prácticamente salimos todos los días para conocer los enclaves más atractivos del Cabo de Gata, que son muchos, este año hemos optado por una estancia más tranquila, más sedentaria, cuya memoria quizás quede salvaguardada sobradamente con este "puñado" de fotos:

El apartamento
Apartamentos Delamar, en la calle Corbeta
Junto a la playa del Lancón, el apartamento estaba muy bien ubicado; cerca de la zona más ambientada del pueblo, pero no en todo el meollo, como suele decirse. Un lugar tranquilo pero no apartado.



Completamente reformado, bien amueblado, con todas las habitaciones al exterior y con aire acondicionado central, en el apartamento estuvimos francamente a gusto.
















Nuestra playa
Playa del Lancón
Aunque parezca que para algunos los días empezaban más temprano de lo que fuese menester, la verdad es que los seis hemos disfrutado al máximo de nuestra estancia en Carboneras. Esta foto es de Marcos (quiero decir que la hizo él, claro), uno más de esa corriente familiar tan extendida que afirma que yo soy muy pesado haciendo fotos. ¡Pobre Heavy!

La playa del Lancón, la del apartamento, ocupa la parte norte de Carboneras. Aquí dejo unas fotos de la playa y de nosotros en ella.








































Carboneras
Paseo fotográfico por el pueblo
Una mañana, antes de irnos a la playa, cogí mi cámara y me fui a dar un paseo por el pueblo para hacer algunas fotos de su centro urbano y de la playa de los Cocones o de los Barquicos, la otra playa de Carboneras. Esta es la calle Sorbas, en el centro de la localidad.



Este es el castillo de San Andrés, construido en el siglo XVI, para defenderse de las sublevaciones moriscas. En torno al castillo se fundó la población de Carboneras.



Este monumento conmemora el rodaje de Lawrence de Arabia, interpretada por Peter O'Toole, que tuvo uno de sus exteriores en la playa del Algarrobico y en la que participaron como extras muchos vecinos de Carboneras.





Playa de los Barquicos o de los Cocones.









Y ahora una serie de gaviotas. Me encantan.
















Playa de los Muertos
Una cita obligada
Aunque como ya he dicho, este año pensábamos pasar unas vacaciones más sedentarias que las de cuatro años antes, la playa de los Muertos sí era un lugar al que había que volver sí o sí.



Este es la abrupta pendiente que da acceso a la mencionada playa; un descenso de algo más de 700 m. que primero hay que bajar y luego subir.











La playa de los Muertos tiene dos partes bien diferenciadas. Esta es la mas amplia: una playa casi rectilínea de casi un kilómetro de longitud.

Y esta otra parte, a continuación, a modo de una pequeña cala, cuyos tonos verdosos y azulados destacan en unas aguas extremadamente transparentes. En esta zona montamos nuestra sombrilla.



























































Serían las 2 de la tarde o algo más cuando decidimos iniciar el complicado camino de vuelta.





La verdad es que hacía calor a aquella hora. La subida hubo que tomársela con calma.


Mesa de Roldán
Torre y faro de Roldán
La Mesa de Roldán es un promontorio sobre el Mediterráneo, cerca de la playa de los Muertos, también en el término municipal de Carboneras.







Allí se encuentra en faro de Roldán, que nos sirvió de motivo para algunas fotos.





Bueno, hay que decir que todas las fotos no son mías ni hechas con mi cámara, que me salió algún que otro competidor que hizo lo que pudo con su móvil de última generación.



La torre de Roldán es un fortaleza defensiva de la que se tiene constancia en el siglo XV, cuando eran frecuentes la correrías de piratas berberiscos.

Carboneras vista desde la mesa de Roldán.





Hice esta foto de mi coche con la torre de Roldán al fondo y nos fuimos a comer.


Comidas marineras
Dos buenos sitios para comer en Carboneras
Nuestros gustos y preferencias se van transformando con la edad; y si hace unas décadas lo que buscábamos cuando íbamos de vacaciones a la playa era un lugar agradable donde tomarnos una copa. Ahora (sin hacerle ascos a la terraza de un buen bar de copas) quizás nos inclinemos por buscar un buen sitio donde comer, preferentemente productos propios de la zona donde nos encontremos.

Dado que el día de nuestra llegada a Carboneras debimos esperar a que acabaran de limpiar el apartamento para que nos lo entregaran y que era la hora de comer, cogimos una mesa por azar en el Sagoni, una afortunada casualidad pues allí se comía muy bien. Las 3 fotos que siguen no son de aquel día, sino de alguno después, cuando reservamos una mesa para darnos nuestro pequeño homenaje gastronómico de las vacaciones.





También por casualidad y dejándonos llevar por su aspecto pedimos una noche mesa en "Ajo y Guindilla", un restaurante con un acogedor patio cubierto de cañizo y una gran barbacoa de leña al fondo. Lamentamos descubrir este sitio nuestra penúltima noche de vacaciones, pues su carta ofrecía sugerencias como para repetir el sitio durante varios días; pero tuvimos que conformarnos con cenar allí sólo dos noches. En fin, "Ajo y Guindilla" es un motivo que añadir, a los muchos que ya tenemos, para volver a Carboneras.





Este simpático espontáneo también pasaba sus vacaciones en Carboneras, aunque fuese natural de allí.







Repetimos en el "Sagoni", donde debidamente antecedido de otras ricuras de la mar, disfrutamos de este riquísimo arroz negro.





Y también repetimos en "Ajo y Guindilla", fue nuestra cena de fin de vacaciones; la guinda de aquellos días que más que recordarlos ahora con nostalgia, soñamos con que vuelvan a repetirse pronto.








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