domingo, 29 de abril de 2018


Volverá a pasar el tiempo
Málaga, 29 de abril de 2.018
Efraín se fue a Venezuela hace año y medio con 86 kg de peso y ha vuelto el pasado 21 de abril con 50. 36 kg que Efraín ha tenido que dejar en su país, a modo de rescate para recuperar su vida normal; además de todas sus ilusiones, bienes y ganancias, que también se han quedado allí para siempre. Unos días después de su regreso nos presentábamos por sorpresa en su casa, en Málaga, para darle la bienvenida, para expresarle nuestra alegría por su regreso. Echamos un buen día en el que todos celebramos la buena de su vuelta.
Volverá a pasar el tiempo y volveremos a tenerte tal como te fuiste, tal como siempre desde que te conocimos; volverá a pasar el tiempo y tú volverás a ser tú y nosotros volveremos a verte a ti en ti y no la efigie del tiempo uncido por el triple yugo de la ignorancia, la tiranía y el vicio; tiempo que ha sido cárcel doctrinaria antes que tiempo, tiempo que ha sido república de la falacia antes que tiempo, tiempo que ha sido patria de la sinrazón antes que tiempo; exigüidad, desafuero, ominosidad antes que tiempo.
Volverá a pasar el tiempo y volverán a abrirse las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, sin poder olvidar pero sin querer recordar, y el presente volverá a tener la consistencia que tuvo el pasado y los días recuperarán la normalidad y la rutina del transcurso de sus horas. Habrás vuelto, te reencontrarás y te reencontraremos. Cuando vuelva a pasar el tiempo.

Efraín estaba feliz, contento de vernos; y con ganas, con muchas ganas de hablar.




El Tintero fue el lugar elegido para celebrar la comida del reencuentro.


Ha pasado mucha necesidad en este año y medio; resulta evidente, pero él quiso ratificarlo en cada una de las muchas fotos que le hice, en las que siempre que pudo posó con algún alimento en las manos.




¿Veis?


¿Qué os decía?


Penélope... Cruz, no... la otra.






Esta es la última foto de la comida. Cuando Efraín me vio coger la cámara otra vez, adoptó esta pose ex profeso; quería mostrarnos algo más que su rostro famélico, su cuerpo de carne transcurrida; quería que su mirada proyectase hacía nosotros su estado interior, lo que sentía. Y recordando ahora todo lo que hablamos aquel día, comprendo que Efraín adoptó esta pose, no para expresar  los sinsabores padecidos, sino la preocupación por el estado en que ha quedado su gente allí.

Hacía una tarde estupenda para pasear, que es lo que hicimos para regresar a casa de Consuelo y Efraín.







La repostería casera que algunos elaboraron para la ocasión convirtieron el café o sobremesa en una auténtica merienda que nos supo a gloria.





Efraín nos enseñó unos documentos venezolanos de identificación personal y algunos billetes del paupérrimo bolívar.






Y dos fotos de familia para poner el broche de oro al relato de esta jornada, que sin lugar a dudas ocupará un lugar primordial en la memoria de nuestra familia.



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