miércoles, 17 de septiembre de 2014

Déjà vu. Cuando tras la ''escena'' del casamiento (toma segunda) de A Wedding... of Caroline and Albert pasamos a la de los aperitivos y se desató aquella tormenta vespertina tuve la sensación de estar viviendo un déjà vu, la sensación de que aquello ya lo había vivido yo antes. Y, como no podía ser de otra manera aquel día, el suceso que se repetía había tenido lugar la primera vez, hace muchos años, en una sala de cine. Si la memoria no me patina la escena es de ''Un día de Boda'' (A Wedding, de Robert Altman, 1.978): tras la celebración religiosa, los invitados de una boda de alto copete pasan al jardín de la casa, donde se les ha montado un soberbio ágape, pero una inesperada tormenta los obliga a todos a salir por patas para buscar dónde guarecerse de la lluvia. ¿Déjà vu o remake?.

En el Séptimo Arte, si lo has imaginado es posible. Lo que sea, desde reflejar fielmente un hecho real hasta la historia más incongruente que la mente humana pueda concebir. Nada de lo que el espectador vea en la pantalla va a ser cuestionado desde el prisma de la verosimilitud. Gustará o no gustará, eso es todo.

Bien saben esto Carolina y Albert, que, como buenos cinéfilos, no pudieron encontrar mejor forma que el cine para plasmar la idea de lo que para ellos significa casarse. Y montaron la película. ¿Una idea descabellada? Si la verosimilitud no es un parámetro a tener en cuenta para valorar una obra cinematográfica, la temeridad tampoco lo es.

Y es que tratándose de cine nadie se va a cuestionar que una espectadora y el protagonista de la película que está viendo salten de un lado a otro de la pantalla como si tal cosa e incluso que lleguen a tener un romance (La Rosa Púrpura de El Cairo, de Woody Allen, 1.985); que Drácula, Frankestein y el Hombre Lobo coincidan en una misma cinta  (Van Helsing, de Stephen Sommers, 2.004); o que en otra vayan a verse cara a cara Batman y Superman (Dawn of Justice, de Zac Snyder, anunciada para 2.016); o que los animales hablen (Bambi, de Walt Disney, 1.942); o que la vida sea en blanco y negro (The Artist, de Michel Hazanavicius, 2.011); o zanjar definitivamente la controversia sobre la existencia de vida extraterrestre inteligente (E.T., de Steven Spielberg, 1.982); como cualquier otra cosa imaginada, sea la que sea.

Como -Carolina y Albert lo sabían- tampoco nosotros nos íbamos a cuestionar el  anacronismo de que Rita Hayworth y Jim Carrey se casasen ante nuestras narices en Santa María de Palautordera un 6 de septiembre cualquiera.

Lo del pasado 6 de septiembre en la granja escuela de Santa María de Palautordera fue de cine, una comedia desquiciada y coral, montada en no más de cuatro o cinco prodigiosos planos-secuencia que dejan en nada el alarde fílmico de Alfred Hitchcock en La Soga (Rape, 1.948) o que podría firmar (o filmar) el mismísimo Berlanga (vg. Plácido, 1.961). Personajes, muchos y de lo más variopintos, que entran y salen constantemente del cuadro, cada uno con su poquito de diálogo, cada uno con su papelito que interpretar.

A Wedding... of Caroline and Albert es una obra coral (pero coral de Guinnes) en la que la sola presencia estelar de Rita Haywortt (Gilda) y Jim Carrey (Lloyd Christmas) se bastan para suplir las lagunas interpretativas, pocas pero apreciables, de un desigual elenco de actores secundarios (cuánto más me gusta esta expresión clásica frente a la presuntuosa en boga de actores de reparto) llamados a interpretar sus papeles con fortuna desigual. Papeles secundarios y en más de un caso meramente testimoniales, porque A Wedding... of Caroline and Albert es una obra donde proliferan los cameos, con muchos cameos, con más cameos que un película de Santiago Segura.

Pero, sobre todo, A Wedding... of Caroline and Albert es un megametraje cuyo verdadero propósito no es contarnos una historia sino que nos lo creamos y seamos nosotros mismos quienes la construyamos en nuestro magín, sin que nunca intentemos discernir si lo imaginado y lo real son lo mismo o si, tan siquiera, se parecen en algo. Este propósito se logra merced a una magistral técnica de distracción que llamaremos pazguatismo; técnica más propia de una película de suspense que de una comedia, que consiste en no ocultarle al espectador ninguna de las claves del misterio a resolver, pero veladas con recursos de distracción que llevarán al espectador a obviarlas, desviando su atención hacia aspectos meramente intrascendentes de la trama. El pazguatismo aprovecha la receptiva capacidad de asombro del espectador y su predisposición a absorber indiscriminadamente todo lo que se le presente en la pantalla para anular sin miramientos su facultad de enjuiciamiento.

Pero el pazguatismo es sobretodo un divertimento para sus autores que alcanza el momento más placentero al final, cuando en la resolución del caso recrean uno a uno cada momento en que el espectador tuvo ante sus ojos las pruebas para haberlo resuelto por sí mismo, dejándolo como un auténtico pazguato. Aunque en el cine encontramos muchos maestros de este método (como el ya mencionado Rey del Suspense), quizás sea en la narrativa donde encontremos a uno de sus máximos exponentes: Arthur Conan Doyle (vg. Estudio en Escarlata, 1.887), creador del singular Serlock Holmes.

Pero en A Wedding… of Caroline and Albert sus autores renuncian a ese último placer de provocar la perplejidad del espectador desvelándole la realidad, y dejarán que la duda le acompañe para siempre. Pues no será hasta mucho después, cuando ya los títulos de crédito se hayan perdido íntegramente por la parte superior de la pantalla y las luces de la sala vuelvan a encenderse, que el propio espectador recupere el raciocinio y, sin poder levantarse aún de su butaca, caiga en la cuenta de que no se ha enterado de nada. Pero ya será tarde y el pazguato espectador se irá a su casa sin saber si aquello no fue una boda aunque allí se casó realmente alguien o si, por el contrario, aquello fue una boda aunque allí realmente no se casó nadie.

Vuela, vuela, vuela, vuela.

Hannibal Lecter



Flashback.-

Unos días antes de la celebración, el 4 de septiembre, Carolina y Albert se casaban oficialmente en el Juzgado de Paz de la Roca del Vallés, rodeados de sus familiares más allegados.









Desde Córdoba en autocar.-

Los vidales y avidalados partían hacia la medianoche del 5 al 6 en autocar desde Córdoba. Les esperaba una experiencia de convivencia singular.

Sobre las 8 de la mañana, ya en la provincia de Castellón, los "cordobeses" se detuvieron para desayunar.


Llegada a la Granja Escuela y comida.-

Unas doce horas después la troupe de Córdoba ya se encontraba en la granja escuela de Santa María de Palautordera.


La mañana de la boda aún se seguían montando alguno de los escenarios en que se iba a rodar A Wedding... of Caroline and Albert.

Los productores ejecutivos nos atendieron de maravilla desde que llegamos al lugar. En estas fotos se ven dos momentos de la comida que pudieron disfrutar todos los actores, desde los protagonistas hasta el último de los extras.



Making-of.-

Sobre las 6 de la tarde los camerinos eran un bullir de gente dando trompicones de un lado para otro. Poco a poco fueron apareciendo los actores ya carecterizados para la ocasión.









Poca antes de las siete los actores se trasladaron desde los camerinos hasta el set de rodaje.

Y aquí os ofrecemos varios fotos del ampli elenco esperando la orden de ocupar sus puestos.















Silencio, se rueda.-

La película comienza con un simpático Lloyd Christmas entrando en escena.

Segundos después sería Gilda quien atravesase la alfombra roja para reunirse con Lloyd y comenzar la ceremonia.


Harpo Marx, como maestro de ceremonias, fue dando la palabra a los diferentes intervinientes en la ceremonia, todos amigos de los novios.






Y tras un buen rato de discursitos tan entretenidos como cariñosos, llega el momento de casarse de verdad. En esta foto, él coloca la alianza en el dedo de ella.

Y en esta es ella la que le pone la alianza a él.


El estreno.-

Tras la ceremonia nupcial, los presente pasaron a un set aledaño, donde se les había preparado unos aperitivos para ir abriendo boca antes de la cena.

En esta foto y las siguientes, Rita Hayworth se fotografía con algunos admiradores suyos.



El trabajo de caracterización fue espléndido en la mayoría de los casos.


El impass de la lluvia.-

Una tormenta, tan indeseada como previsible, obligó a todo el cuadro de actores a refugiarse en una sala de los estudios hasta la hora de la cena. Fue un buen momento para capturar con nuestras cámaras a la casi totalidad de los presentes, ya muy metidos en su papel.























El banquete nupcial.-


A la hora convenida, todos pasamos al comedor para disfrutar del banquete nupcial, cuyo primer plato era esta descomunal fideua..










La fiesta.-

Y tras la cena el baile, la fiesta, que como era de esperar, viendo el percal, iría subiendo de intensidad en todos los sentidos conforme avanzaba la noche.











Epílogo.-

Algunos exprimieron la fiesta más que otros, pero la mañana nos devolvió a cada uno a nuestro ser. Carolina, cual Cenicieta después de las campanadas de medianoche, espera la llegada de los criados del principe para probarse el zapatito de cristal. Seguro que era de su número y al calzárselo recuperaría toda la espectacularidad que mostró la noche anterior. Bueno, al calzarse el zapatito, y tras un sueño reparador y darse  una duchita relajante y tomarse un cafetito... En fin, que muchas felicidades a los dos y muchas gracias por todo. 

Bueno, aquí os dejo una galería de fotos de A Wedding... of Caroline and Albert a modo de traile. Dicho así, con la e abierta, como se decía en mis tiempos, cuando el cine era para mí mucho más que una forma de pasar el tiempo y me producía estas sensaciones:


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