Déjà vu. Cuando
tras la ''escena'' del casamiento (toma segunda) de A Wedding... of Caroline
and Albert pasamos a la de los aperitivos y se desató aquella tormenta
vespertina tuve la sensación de estar viviendo un déjà vu, la sensación de que
aquello ya lo había vivido yo antes. Y, como no podía ser de otra manera aquel
día, el suceso que se repetía había tenido lugar la primera vez, hace muchos
años, en una sala de cine. Si la memoria no me patina la escena es de ''Un día
de Boda'' (A Wedding, de Robert Altman, 1.978): tras la celebración religiosa,
los invitados de una boda de alto copete pasan al jardín de la casa, donde se
les ha montado un soberbio ágape, pero una inesperada tormenta los obliga a
todos a salir por patas para buscar dónde guarecerse de la lluvia. ¿Déjà vu o
remake?.
En el Séptimo
Arte, si lo has imaginado es posible. Lo que sea, desde reflejar fielmente un
hecho real hasta la historia más incongruente que la mente humana pueda
concebir. Nada de lo que el espectador vea en la pantalla va a ser cuestionado
desde el prisma de la verosimilitud. Gustará o no gustará, eso es todo.
Bien saben esto
Carolina y Albert, que, como buenos cinéfilos, no pudieron encontrar mejor
forma que el cine para plasmar la idea de lo que para ellos significa casarse.
Y montaron la película. ¿Una idea descabellada? Si la verosimilitud no es un parámetro
a tener en cuenta para valorar una obra cinematográfica, la temeridad tampoco
lo es.
Y es que tratándose de
cine nadie se va a cuestionar que una espectadora y el protagonista de la
película que está viendo salten de un lado a otro de la pantalla como si tal
cosa e incluso que lleguen a tener un romance (La Rosa Púrpura de El Cairo, de
Woody Allen, 1.985); que Drácula, Frankestein y el Hombre Lobo coincidan en una
misma cinta (Van Helsing, de Stephen
Sommers, 2.004); o que en otra vayan a verse cara a cara Batman y Superman
(Dawn of Justice, de Zac Snyder, anunciada para 2.016); o que los animales
hablen (Bambi, de Walt Disney, 1.942); o que la vida sea en blanco y negro (The
Artist, de Michel Hazanavicius, 2.011); o zanjar definitivamente la
controversia sobre la existencia de vida extraterrestre inteligente (E.T., de
Steven Spielberg, 1.982); como cualquier otra cosa imaginada, sea la que sea.
Como -Carolina y Albert lo sabían- tampoco nosotros nos íbamos a cuestionar el anacronismo de que Rita
Hayworth y Jim Carrey se casasen ante nuestras narices en Santa María de
Palautordera un 6 de septiembre cualquiera.
Lo del pasado 6
de septiembre en la granja escuela de Santa María de Palautordera fue de cine,
una comedia desquiciada y coral, montada en no más de cuatro o cinco
prodigiosos planos-secuencia que dejan en nada el alarde fílmico de Alfred Hitchcock
en La Soga (Rape, 1.948) o que podría firmar (o filmar) el mismísimo Berlanga
(vg. Plácido, 1.961). Personajes, muchos y de lo más variopintos, que entran y
salen constantemente del cuadro, cada uno con su poquito de diálogo, cada uno
con su papelito que interpretar.
A Wedding... of
Caroline and Albert es una obra coral (pero coral de Guinnes) en la que la sola
presencia estelar de Rita Haywortt (Gilda) y Jim Carrey (Lloyd Christmas) se
bastan para suplir las lagunas interpretativas, pocas pero apreciables, de un
desigual elenco de actores secundarios (cuánto más me gusta esta expresión clásica frente a la presuntuosa en boga de actores de
reparto) llamados a interpretar sus papeles con fortuna desigual. Papeles secundarios
y en más de un caso meramente testimoniales, porque A Wedding... of Caroline
and Albert es una obra donde proliferan los cameos, con muchos cameos, con más
cameos que un película de Santiago Segura.
Pero, sobre
todo, A Wedding... of Caroline and Albert
es un megametraje cuyo verdadero propósito no es contarnos una historia sino que
nos lo creamos y seamos nosotros mismos quienes la construyamos en nuestro
magín, sin que nunca intentemos discernir si lo imaginado y lo real son lo
mismo o si, tan siquiera, se parecen en algo. Este propósito se logra merced a
una magistral técnica de distracción que llamaremos pazguatismo; técnica más
propia de una película de suspense que de una comedia, que consiste en no ocultarle
al espectador ninguna de las claves del misterio a resolver, pero veladas con
recursos de distracción que llevarán al espectador a obviarlas, desviando su
atención hacia aspectos meramente intrascendentes de la trama. El pazguatismo aprovecha la receptiva
capacidad de asombro del espectador y su predisposición a absorber
indiscriminadamente todo lo que se le presente en la pantalla para anular sin
miramientos su facultad de enjuiciamiento.
Pero el
pazguatismo es sobretodo un divertimento para sus autores que alcanza el
momento más placentero al final, cuando en la resolución del caso recrean uno a uno cada
momento en que el espectador tuvo ante sus ojos las pruebas para haberlo
resuelto por sí mismo, dejándolo como un auténtico pazguato. Aunque en el cine encontramos
muchos maestros de este método (como el ya mencionado Rey del Suspense), quizás
sea en la narrativa donde encontremos a uno de sus máximos exponentes: Arthur
Conan Doyle (vg. Estudio en Escarlata,
1.887), creador del singular Serlock Holmes.
Pero en A Wedding… of Caroline and Albert sus
autores renuncian a ese último placer de provocar la perplejidad del
espectador desvelándole la realidad, y dejarán que la duda le acompañe para siempre. Pues no será hasta
mucho después, cuando ya los títulos de crédito se hayan perdido íntegramente
por la parte superior de la pantalla y las luces de la sala vuelvan a
encenderse, que el propio espectador recupere el raciocinio y, sin poder
levantarse aún de su butaca, caiga en la cuenta de que no se ha enterado de nada.
Pero ya será tarde y el pazguato espectador se irá a su casa sin saber si aquello no fue una boda aunque allí se casó realmente alguien o si, por el
contrario, aquello fue una boda aunque allí realmente no se casó nadie.
Vuela, vuela, vuela, vuela.
Hannibal Lecter
Flashback.-
| Unos días antes de la celebración, el 4 de septiembre, Carolina y Albert se casaban oficialmente en el Juzgado de Paz de la Roca del Vallés, rodeados de sus familiares más allegados. |
Desde Córdoba en autocar.-
| Los vidales y avidalados partían hacia la medianoche del 5 al 6 en autocar desde Córdoba. Les esperaba una experiencia de convivencia singular. |
| Sobre las 8 de la mañana, ya en la provincia de Castellón, los "cordobeses" se detuvieron para desayunar. |
Llegada a la Granja Escuela y comida.-
| Unas doce horas después la troupe de Córdoba ya se encontraba en la granja escuela de Santa María de Palautordera. |
| La mañana de la boda aún se seguían montando alguno de los escenarios en que se iba a rodar A Wedding... of Caroline and Albert. |
Making-of.-
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| Sobre las 6 de la tarde los camerinos eran un bullir de gente dando trompicones de un lado para otro. Poco a poco fueron apareciendo los actores ya carecterizados para la ocasión. |
| Poca antes de las siete los actores se trasladaron desde los camerinos hasta el set de rodaje. |
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| Y aquí os ofrecemos varios fotos del ampli elenco esperando la orden de ocupar sus puestos. |
Silencio, se rueda.-
| La película comienza con un simpático Lloyd Christmas entrando en escena. |
| Segundos después sería Gilda quien atravesase la alfombra roja para reunirse con Lloyd y comenzar la ceremonia. |
| Harpo Marx, como maestro de ceremonias, fue dando la palabra a los diferentes intervinientes en la ceremonia, todos amigos de los novios. |
| Y tras un buen rato de discursitos tan entretenidos como cariñosos, llega el momento de casarse de verdad. En esta foto, él coloca la alianza en el dedo de ella. |
| Y en esta es ella la que le pone la alianza a él. |
El estreno.-
| Tras la ceremonia nupcial, los presente pasaron a un set aledaño, donde se les había preparado unos aperitivos para ir abriendo boca antes de la cena. |
| En esta foto y las siguientes, Rita Hayworth se fotografía con algunos admiradores suyos. |
| El trabajo de caracterización fue espléndido en la mayoría de los casos. |
El impass de la lluvia.-
El banquete nupcial.-
| A la hora convenida, todos pasamos al comedor para disfrutar del banquete nupcial, cuyo primer plato era esta descomunal fideua.. |
La fiesta.-
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| Y tras la cena el baile, la fiesta, que como era de esperar, viendo el percal, iría subiendo de intensidad en todos los sentidos conforme avanzaba la noche. |
Epílogo.-
Bueno, aquí os dejo una galería de fotos de A Wedding... of Caroline and Albert a modo de traile. Dicho así, con la e abierta, como se decía en mis tiempos, cuando el cine era para mí mucho más que una forma de pasar el tiempo y me producía estas sensaciones:







































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