miércoles, 7 de octubre de 2015


Le Marais, Notre Dame, paseo por la Ile de la Cite, el Trocadero, la torre Eiffel, un paseo en barco por el Sena y el Campo de Marte.-

Le Marais.- Que el conocimiento es la base del amor es una idea desarrollada o expuesta repetidamente por diversas lumbreras del pensamiento humano desde los tiempos de Sócrates. A veces la belleza o cualquier otra característica visual puede ser el principal atractivo de algo, pero lo normal es que sólo sean el complemento de otros atributos mucho más importantes e interesantes que los que podamos percibir meramente con nuestros ojos. El principal adorno de algo es su propia historia y sus atributos intrínsecos y conocerlos enriquecerá notablemente nuestra percepción de la cosa en sí y nos ayudará a comprenderla y valorarla. Nuestra primera mañana la dedicamos a conocer Le Marais, el barrio más antiguo de París, el lugar por el que la ciudad comenzó a expandirse cuando la Ile de la Cite se quedó definitivamente pequeña para sus habitantes. Mary Jane fue la voluntaria de la asociación ''Parisien d'un jour'' que condujo nuestro recorrido por el célebre quartier parisino, documentando profusamente con sus comentarios la historia del barrio y sus valores arquitectónicos y urbanísticos. Mary Jane nos ayudó a conocer, entender y enamorarnos de Le Maris y, por extensión, con ella empezamos a amar a París. Quedamos encantados con el trato cordial que nos dispensó y agradecidos por el tiempo que voluntariamente nos dedicó.
Aunque esta es la última foto que nos hicimos aquella mañana la pongo en primer lugar para presentaros a Mary Jane, con quien me fotografié en el pont d'Arcole.

Hacía algo de frío, pero bien abrigados la mañana era deliciosa para pasear. Aunque a nosotros no dejase de sorprendernos que a primeros de octubre ya hubiese que ponerse ropa netamente de abrigo para salir a la calle.

Le Marais es el barrio judío de París desde el siglo XIII. En el siglo XX llegaron a vivir en este barrio unos 20.000 judíos. En la foto, Mary Jane con Marián ante una pastelería judía.
Mary Jane nos llamó la atención sobre esta fachada por conservar el estilo clásico del barrio, a base de mosaicos configurados con pequeñas teselas irregulares.

Mary Jane nos explica algunos aspectos del museo de Carnavalet, el museo de la historia de París.

La plaza de les Vosges es considerada la más bonita de París. Se construyó para albergar a la nobleza francesa. Aunque la zona ajardinada que la ocupa puede despistarnos, la configuración de la plaza es la misma de lo que nosotros conocemos como una plaza mayor.



El hotel de Sully es quizás el palacete más imponente del barrio, construido en el siglo XVII. El día que lo visitamos encontramos en el jardín esta atrevida exposición de esculturas vanguardistas que contrastaban con la sobriedad el edificio.



Tratándose del barrio judío, al recorrer sus calles uno se sobrecoge varias veces al encontrarse con diversos vestigios del holocausto durante la ocupación de París en la Segunda Guerra Mundial. Este es el Muro de los Justos, que recoge algo más de dos mil nombres de franceses que salvaron vidas de judíos durante la shoah. Me sobrecoge uno de los nombres que aparecen en el primer panel, pero de esto no me di cuenta al hacer la foto. Reconforta pensar que existió una Vidal-Schindler.





Se dice que el niño de esta fuente no es otro que Víctor Hugo. 

Restos de la muralla medieval que rodeaba la ciudad. Preocupado por la amenaza vikinga, el rey Philippe Auguste mandó su construcción en el siglo XI, cuando debía abandonar París para participar en la tercera Cruzada.

Este es el edificio más antiguo que se conserva del barrio o, creo no equivocarme, de todo París.

Este es un comercio clásico del barrio: ''Eaux de vie et vins du monde''. En él puedes encontrar productos de todo el mundo.

En esta pastelería no entramos... pero nos quedamos con las ganas.

Fuentes como ésta te encontrarás varias durante tu visita a París. Fueron regaladas a la ciudad por un inglés. Las figuras humanas no sólo tienen una finalidad estética, sino que se pusieron para impedir que los caballos pudiesen beber de ellas.

Esta es la iglesia de Saint Gervais-Saint Protais. 



La plaza de Saint Gervais es conocida desde la Edad Media como la Encrucijada del Olmo, por un olmo de considerables dimensiones que creció allí. Según nos contó Mary Jane, en torno a este árbol se reunían los vecinos de Le Marais para adoptar decisiones de la vida en común.

Este es Hotel de Ville, el ayuntamiento de París.

Nuestro paseo con Mary Jane terminó cruzando el pont d'Arcole, para dejarnos en la misma plaza de la catedral de París.

Mary Jane nos hizo esta foto poco antes de despedirnos de ella.

La catedral de Notre Dame.- Aunque la visita a Notre Dame la teníamos pensada para el día siguiente, el tiempo que nos quedó libre hasta la hora de comer, tras el paseo por Le Marais con Mary Jane, nos permitió adelantar nuestra visita a la morada de Quasimodo.
Hoy en día la fachada principal de Notre Dame puede apreciarse adecuadamente gracias a la gran explanada que preside. Pero esto no fue siempre así sino que es fruto del mayor despropósito urbanístico que sufrió París, llevado a cabo por el barón de Haussmann, a quien Napoleón III encargó la modernización de la ciudad. Cientos de viviendas, como las que encorsetaban la catedral entonces, fueron destruidas en la Ile de la Cite y muchas más en otros barrios para ser sustituidos por los edificios que caracterizan la fisonomía urbana de las zonas históricas de París. No sé el porqué, pero el barrio de Le Marais, que habíamos visitado aquella mañana con Mary Jane, sobrevivió a los desmanes urbanísticos del barón.

Esta es la puerta del Juicio Final, la puerta central de la fachada principal del templo.

Y este es el interior del monumental templo gótico, por el que dimos un tranquilo paseo para contemplar su belleza y riqueza artística.





Los amplios rosetones laterales son la señal de identidad de Notre Dame y las vidrieras más llamativas de las muchas que te encuentras en el monumento.





Ahora un serie de fotos de velas votivas.





Durante la Segunda Guerra Mundial se perdieron algunas vidrieras a causa de los bombardeos que sufrió la ciudad. La mayoría pudieron desmontarse y ponerse a buen recaudo hasta el final de la guerra.

Esta es la capilla donde se venera la reliquia de la corona de espinas.

Marián y San Antonio de Padua.



Y nos despedimos con una foto desde el mismo lugar donde empezamos la visita al interior de la catedral parisina.

Nuestra visita a ''Nuestra Señora de París'' la dimos por concluida con este selfie hecho con mi Canon. Nos quedaba subir a las torres, lo que haríamos un par de días después.

Sin palabras.

Foto urbana de la Ile de la Cite.



Comimos en la propia Ile, en el Quasimodo, un restaurante italiano algo singular.

Este es el pont Neuf, curiosamente el más antiguo de los que unen la Ile de la Cite con París. Allí nos hicimos unas fotos.













La tarde de aquel día la íbamos a dedicar a la experiencia más llamativa para quienes visitan París: subir a la torre Eiffel. El plan era llegar en metro al Trocadero y desde allí ir acercándonos al monumento, subir a él (teníamos reservada la entrada para las 5,30 h.), ver anochecer allí y después ir alejándonos de la torre por el Campo de Marte. Una tarde noche dedicada enteramente a disfrutar de la Torre Eiffel.





Parece ser que fue aquí donde los soldados franceses celebraron la victoria sobre los revolucionarios españoles en la batalla de Trocadero (Cádiz, 31 de agosto de 1.823), batalla con la que se puso fin al Trienio Liberal y Fernando VII fue liberado y restituido como rey de España.




















La verdad es que la torre impresiona por su belleza y altura.








¡Y por fin llegó el momento más esperado! Marián consiguió sonreír para la posteridad mientras el primero de los ascensores que se toman nos subía a la segunda planta de la torre.

Esto fue lo primero que vi cuando salí al exterior de la segunda planta: El Campo de Marte en primer plano, la torre Montparnasse al fondo y la cúpula de los Inválidos a la izquierda.

Madre mía, qué alto está esto.

¡Dios mío!, y hay que subir hasta allí.

Bueno, la verdad es que aquí no se está mal y las vistas son espectaculares.

Ahora una serie de fotos desde la segunda planta de la torre Eiffel. En ésta puede apreciarse la torre Montparnasse, a la que habíamos subido el día anterior.

En ésta puede verse el Grand  Palais junto al Sena y, al fondo, el Sacre Coeur.

Entorno del Arco del Triunfo.





Puedo aseguraros que esta sonrisa es natural, auténtica. Marián volvió a superarse a sí misma y disfrutar plenamente de la experiencia.





Las fotos que siguen son ya de la cumbre de la torre.

El Trocadero visto desde lo alto de la torre Eiffel.













Y las fotos que siguen son otra vez desde la segunda planta, adonde nos quedamos un rato para ver el atardecer. Fue precioso a pesar de las nubes que cubrían el cielo.





Marián feliz, triunfadora.











Y esta foto recoge el mismo ángulo que la primer foto que hice desde la torre, cuando la noche ya caía sobre París.

Dado que cuando bajamos de la torre Eiffel era una buena hora para cenar, tomamos uno de los barcos que te dan un paseo por el Sena con bocadillo, bebida y postre.

El paseo en barco te lleva desde la torre Eiffel hasta la isla de Saint Louis. Un bonito paseo que te permite ver muchos de los principales monumentos iluminados, aunque hay que abrigarse bien porque el frío se te va metiendo en el cuerpo paulatinamente.



De nuevo en tierra firme.

Conforme a lo previsto, finalizamos aquella jornada alejándonos de la torre Eiffel por el Campo de Marte, desde donde hice las dos últimas fotos del día.



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