jueves, 8 de octubre de 2015


Cementerio de Montparnasse, jardines de Luxemburgo, Panteón, barrio latino, la Sainte Chapelle, barrio San Germain des Pres, iglesias de Saint Germain des Pres y de Saint Sulpice.-

Cementerio de Montparnasse.- Iniciábamos nuestro tercer día en París cumpliendo un deseo: visitar el cementerio de Montparnasse. El motivo principal era rendir mi modesto homenaje a Julio Cortázar ante su tumba; si bien, el paseo por este cementerio iba a tener otros puntos de interés, como la visita de la tumba de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, su pareja. Cortázar, de manera particular, y Sartre consolidaron mi afición a la lectura a principios de los ochenta del siglo pasado y este viaje a París me brindaba la ocasión de "agradecérselo personalmente".
Exterior del cementerio de Montparnasse.



Además de los monumentos funerarios en sí, algunos de gran valor artístico, el cementerio dispone de varias obras escultóricas relativas a la muerte, como ''El ángel del sueño eterno'', en la foto.

¿Quién puede dudar que nos encontramos en el mismísimo barrio de Montparnasse?

Aquí está la primera de las tumbas que tenía un interés especial en visitar, la de Jean Paul Sartre.

En esencia.

Los cementerios parisinos, al menos los que hemos conocido en este viaje, están perfectamente estructurados, siendo fácil orientarse dentro de ellos..

Aunque para encontrar la tumba de Julio Cortázar, en el centro de la 2ª sección de la 3ª división del cementerio de Montparnasse, diríase que tuvimos que echar una partida a la rayuela. A pesar de lo comentado en la foto anterior, debimos contar con la ayuda de un empleado del cementerio para localizarla.

Hace ya muchos años que leí por última vez algo de Julio Cortázar, por lo que los recuerdos que me venían ante su tumba eran más de sensaciones que de textos en sí.

Podían haber sido tantas las dedicatorias como lecturas tiene su Rayuela, pero me decanté por ésta, inspirada en los cronopios.  Quería dejarle, como tantísimos visitantes hacen, mi dedicatoria y agradecimiento. Pero no creía que lo que yo tenía que decirle fuese tan importante como para dejarlo escrito directamente sobre su lápida, como hacen otros, y lo hice sobre una cartulina que dejé allí sujeta con una castaña que Marián llevaba en su bolso.

"LEO PORQUE TE LEI; Y DESDE ENTONCES A MI TAMBIEN ME
ATROPELLAN CAMIONES Y BICICLETAS DE VEZ EN CUANDO".

Sí, después de leer la Rayuela yo me volví un poco cronopio y desde entonces no puedo evitar que de vez en cuando me pasen las mismas cosas que a ellos cuando cantan sus canciones favoritas. En sentido figurado, claro... hasta entonces. La cita literal dice así: "Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días". En París, en la ciudad de la luz, en la ciudad del amor, no sólo he sido atropellado todos los días por camiones y ciclistas de manera repetida e incontrolable, desde por la mañana hasta bien de noche, sino que como una broma un tanto subida de tono del propio Cortázar, un par de días después de rendirle mi humildísimo homenaje ante su tumba, al entrar en el "subte" para ir desde Montmartre al Louvre, ''perdí'' lo que llevaba en los bolsillos. Pudiera ser que tarareé sin darme cuenta La Bohemia de Aznavour, quizás interpretada por algún músico callejero desapercibido junto al que pude pasar, y Cortázar debió confundirme con un cronopio. Una inmerecida distinción para la que no estaba preparado.

Marián sujeta con una castaña mi efímera dedicatoria a Cortázar.

Cumplidos los dos compromisos personales de aquella visita, nos dedicamos a pasear por el cementerio.

¿Una separación o un reencuentro? No sé.

Con esta foto queremos dejar constancia de que en Francia sí entierran a los chinos.

Punto de fuga.

Cara y Cruz.

Alfa y Omega.

Luto

El llanto sobre el difunto.

Y con esta foto finaliza el reportaje de la visita al cementerio de Montparnasse.

Jardines de Luxembrugo.- En el siglo XVII, la reina regente María de Médici encarga la construcción del palacio de Luxemburgo para evadirse de las intrigas palaciegas que alimentaban la vida cotidiana del palacio real del Louvre. El palacio en sí es actualmente la sede del Senado francés y sus jardines son hoy un parque público muy apreciado y utilizado, tanto por turistas como por parisinos. La mañana iba de paseos, pues la proximidad al cementerio de Montparnasse nos permitió llegar aquí andando, sin solución de continuidad, sin dejar de pasear. Sería la constante de aquel día.
Según he leído por ahí, la extensión del parque es de más de 22 hectáreas; y eso que el barón Haussmann también se encargó de recortarlo para abrir alguna de las avenidas que lo circundan.

Muchas son las esculturas que adornan el parque, por lo general de gran valor y belleza.

Incluso cuenta el parque con una réplica de la Estatua de la Libertad que hay en el Sena.



LE DEJEUNER. Escolares de la zona, trabajadores, vecinos y visitantes aprovechan este delicioso recinto para hacer su comida del mediodía.



Nosotros, como buenos españoles, en lo último que pensábamos a esas horas era en comer ya, así que seguimos paseando y haciéndonos fotos.



























El parque está presidido por el palacio, otrora de María de Médici y ahora sede del Senado.







Además de bancos para sentarse, los parques parisinos disponen de sillas metálicas que puedes coger para sentarte donde más te apetezca.









Sería algo más de la una de la tarde cuando finalizamos nuestro largo y agradable paseo por los jardines de Luxemburgo y nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino de aquel día.

El Panteón.- Su construcción se llevó a cabo durante la segunda mitad del siglo XVIII para solemnizar el descanso eterno de los grandes hombres de la patria francesa. Aunque en algunas etapas de su historia tuvo carácter religioso, actualmente es un lugar laico. De estilo neoclásico, el Panteón impresiona por su belleza y monumentalidad.






La planta principal del monumento está presidida por esta alegoría de la Convention Nationale, de François-Léon Sicard.



Escalera por la que se desciende a la cripta del Pantón,

Jean-Jacques Rouseau es uno de los personajes más importantes de la historia de Francia, cuyos restos descansan en este lugar. Recuerdo haber leído de él, hace mucho tiempo, ''El Contrato Social''. ''El hombre es bueno por naturaleza'', decía allí. Sus ideas políticas influyeron definitivamente en la Revolución Francesa.

Pero sin lugar a dudas, de todos las tumbas que dan descanso eterno a personajes ilustres de Francia, había una que yo iba a buscar con especial interés: la de Víctor Hugo. A pesar de que también hace muchos años que leí ''Los Miserables'', todavía me sobrecoge la historia de Jean Valjean, su protagonista, o todavía me recuerdo como si fuese ayer leyendo aquella gran novela.



De Voltaire también tengo el recuerdo de una vieja lectura: ''Cándido o el optimismo''.

Una vez visitada la cripta volvimos a la planta principal, donde ahora nos detuvimos a contemplarla detenidamente y hacernos unas fotos.

Para demostrar la teoría de la rotación de la Tierra, Léon Foucault hizo colgar su célebre péndulo de la cúpula del Panteón. Actualmente hay una réplica de aquel artilugio en el mismo lugar, lo que nos permitió comprobar, dado que nuestra visita al monumento duró una hora aproximadamente, que el plano de oscilación iba cambiando en el sentido de las agujas del reloj.



Un par de fotos de despedida.



Sobre las tres de la tarde abandonábamos el Panteón entre estas colosales columnas que sustentan su frontispicio.

El barrio latino.- En cierta ocasión me dijo un amigo que mientras que la mayoría de la gente cuando van de un lugar a otro simplemente se trasladan, yo paseo. Nuestro ''troisième jour'' en París me iba a brindar la oportunidad de hacer gala de ello, pues desde que a primeras horas de la mañana llegamos al cementerio de Montparnasse hasta que al anochecer tomamos el metro para regresar al hotel, todos nuestros desplazamientos de aquel día los realizamos andando o, por mejor decir, paseando. 
La idea de recrearnos en las diversas visitas que realizásemos durante nuestra estancia en París, primando su disfrute medianamente pausado sobre la mera constatación del ''haber estado allí'' con que muchas veces nos conformamos, iba a hacer que se diese una constante durante nuestras vacaciones francesas: que íbamos a comer siempre muy tarde. Llevaba anotados varios lugares del barrio latino donde comer, recomendados en diversos foros y páginas web de viajes.; pero dado que cuando salimos del Panteón eran más de las 3 de la tarde, nos fuimos directos al grano y pedimos mesa en Il Gigolo, un restaurante italiano cien por cien, regentado por italianos de pura cepa, de Verona concretamente, que nos atendieron de maravilla y nos dieron de comer estupendamente.

Después de comer seguimos nuestro paseo, ahora recorriendo algunas calles del barrio latino, uno de los barrios más populares y animados de París.

El nombre del barrio tiene ver con que en él se encuentra la universidad de la Sorbona; ya que tiempos atrás, cuando la formación académica se impartía en latín, ésa era la lengua que se solía hablarse en sus calles, pobladas principalmente de estudiantes y docentes universitarios.

La Sainte Chapelle.- En el siglo XIII, San Luis (Luis IX) adquirió a Balduino II, último emperador de Constantinopla, diversas reliquias del martirio de Jesús, tales como la corona de espinas, un trozo de la cruz, el hierro de la lanza o la esponja, entre otros. La Santa Capilla se concibió como un relicario para albergar tan importantes símbolos de la cristiandad. Y a fé que lo consiguieron.
El reportaje de nuestro viaje a París estaría incompleto si no recogiese alguna imagen de las colas que se forman en la entrada de algunos de los monumentos más visitados por los turistas. Esta es la cola que debimos guardar para entrar a la Sainte Chapelle.

Encontrándose en el perímetro de seguridad del Tribunal de Justicia de París, la Sainte Chapelle pasa desapercibida desde el exterior y desde fuera no te puedes imaginar su espectacular interior.

La Santa Capilla son en realidad dos capillas; las primeras fotos corresponden a la capilla inferior, cuyos múltiples arcos tienen la finalidad de soportar el peso de la capilla superior.

La capilla inferior está presidida por la imagen de San Luis.  Las columnas azules están decoradas con flores de lis, símbolo de la realeza francesa, y las rojas con castillos de oro, en honor a Blanca de Castilla, madre de San Luis.

La Sainte Chapelle no dispone de paredes, sino que su perímetro lo recorren exclusivamente impresionantes vidrieras homogéneas, de más de 15 metros de altura, que crean un ambiente cromático espectacular, Realmente uno se siente allí como en el interior de un joyero o relicario.







Las vidrieras recogen diferentes escenas bíblicas.











La salida de la Sainte Chapelle da al Tribunal de Justicia de París, donde hicimos unas fotos.



Esta es la reja del Tribunal de Justicia, vista desde dentro del patio por el que se accede al edificio.

El barrio latino, otra vez, y el barrio de Saint Germain des Prés.- Después de visitar la Sainte Chapelle tuvimos ocasión de disfrutar nuevamente del barrio latino, como lugar de tránsito para llegar a otro barrio famoso de París: el barrio de Saint Germain des Prés. Aun tratándose en ambos casos del barrio latino, la parte por la que anduvimos aquella mañana era de espacios más abiertos, de avenidas y edificios ''efecto Haussmann"; mientras que por la tarde nos adentramos en la zona de calles más estrechas, en cuyas aceras se suceden braseries, bares, pubs y cafés, con sus toldos predominantemente rojos, aunque ocasionalmente se alternan con algunos de otros color, con sus mesitas redondas y sus sillas (distintas en cada establecimiento), por lo general sólo orientadas hace la acera, sin que ninguna dé la espalda a la calle. Calles que para el espectador son postales vivas del París más genuino o imaginado. El barrio de Saint Germain des Prés, fue otrora lugar de encuentro y reunión del arte y la intelectualidad francesa y ahora uno de los barrios más nobles de París, con comercios de las más famosas firmas comerciales del mundo.
Fuente de Saint Michel, en el barrio latino.

Place Saint André des Arts. El barrio latino tiene un ambiente encantador.









Dejamos atrás el barrio latino y entramos en el de Saint Germain des Pres, entre otras cosas para visitar su iglesia del mismo nombre.

Iglesia de Saint Germain des Pres, antigua abadía benedictina venida a menos como tantas cosas en aquel barrio, que actualmente ha perdido su condición de lugar de encuentro de la intelectualidad francesa.





Aquella tarde un grupo polifónico nos amenizó la visita con sus ensayos.

Después de ver la iglesia de Saitn Germain seguimos paseando por algunas calles del barrio, viendo algunos de los escaparates de las prestigiosas firmas ubicadas allí





Nuestra última visita de aquel día o, por decirlo de otra manera, nuestro paseíto de aquel día íbamos a acabarlo visitando la iglesia de Saint Sulpice, en las afueras del barrio de Saint Germain. Es una iglesia colosal de dos plantas, la segunda más alta de París según he visto por ahí, construida sobre los cimientos de un templo románico en el siglo XIII o por ahí.



Fuente de los cuatro obispos, en la plaza de Saint Sulpice.



Después de visitar esta iglesia me he enterado que en ella hay un gnomon o meridiana que servía para calcular los solticios según el punto donde se proyectaba su sombra sobre el suelo de la iglesia. El carácter científico de este dispositivo salvo a Saint Sulpice de ''la quema'' durante la revolución francesa.







Después de nuestra última visita de aquel día nos sentamos en un banco a descansar un ratito antes de dar un último paseíto para tomar el metro que nos llevase de vuelta al hotel.

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