viernes, 14 de abril de 2017


De niños medíamos el tiempo en horas; de jóvenes en días; de adultos en años; y en la madurez lo medimos en décadas; hasta que llegue el día, ese momento único para cada uno de nosotros, en que la unidad de medida del tiempo será inexorablemente "la vida entera". Así, decir que Marián y yo vivimos en Madrid desde 1.982 hasta 1.990, es una referencia relativa, cuya consideración dependerá de la edad del que lea esto. Nada que ver la percepción que tengo del transcurso de los últimos ocho años de mi vida con la experiencia de ese mismo lapso que pasamos en Madrid. Pero aunque cada mañana nos despertábamos con el sueño del regreso definitivo a Córdoba aquellos fueron años de nuestra juventud; y el recuerdo, siempre grato e intenso, nos conduce a la nostalgia.
La verdad es que, quizás precisamente por nuestra juventud, no supimos aprovechar suficientemente la oportunidad que la vida nos brindaba para conocer lugares y hacer cosas que más adelante dejaríamos de tener tan al alcance como los tuvimos entonces; como por ejemplo ver el acueducto de Segovia y probar el más emblemático de los platos de aquella localidad castellana.
Todo esto hizo que en nuestro viaje de la pasada Semana Santa obviásemos las tantísimas cosas que se pueden ver o hacer en Madrid en dos días y medio y primase -amén de la sorpresa que le tenía preparada a Marián como verdadero regalo de cumpleaños- el ver cumplido nuestro deseo de volver a pisar los lugares donde residimos y que frecuentamos en aquella época dorada de nuestra vida como pareja.
Y así, cuales Amelia Folch y Alonso de Entrerríos, el pasado 14 de abril Marián y yo cogimos nuestra particular puerta del "Ministerio del Tiempo" y nos trasladamos a la década de los 80 para recuperar antiguas sensaciones y, en la medida de lo posible, intentar enmendar alguna línea de nuestra historia particular que no nos gustaba del todo como quedó escrita en su momento.

14 de abril de 2.017.- Segovia.

El primer día de nuestras minivacaciones lo pasamos en Segovia, quizás el viaje de proximidad que más veces tuvimos la intención de realizar cuando vivíamos en Madrid. Varias décadas después el objetivo principal de aquel viaje seguía siendo el mismo: contemplar el acueducto y comer cochinillo. Echamos un buen día allí, un día inusitadamente caluroso para aquella localidad y época del año.
Por la arquitectura que íbamos a encontrar, el de aquel día iba a ser un viaje en el tiempo, 2.000 años atrás. Desde la estación de Chamartín contemplábamos las cuatro torres del Business Area poco antes de tomar el Alvia que nos llevaría en un santiamén a Segovia.

Y apenas una hora después esto iba a ser lo que tendríamos ante nuestros ojos.

Hay que prestar mucha atención para reconocer en este vestíbulo el de la estación de Chamartín que conocí en los 80.

El viaje de Madrid a Segovia dura actualmente algo menos de media hora. En la foto acabábamos de bajarnos del tren que nos dejo en la estación del AVE "Segovia Guiomar".


La visita a Segovia comienza en la plaza Artillería, donde esta lápida nos recuerda la antigüedad de su monumento más famoso.


Antes de iniciar nuestro recorrido turístico por la ciudad, rodeamos la mencionada plaza para contemplar el acueducto desde diferentes perspectivas.








No lo puede evitar. Aquí Marián intenta poner derecha un piedra del Acueducto que estaba un poco torcida. ¡Dos mil años así y nadie se había dado cuenta! Estos romanos....

La solidez del acueducto se basa exclusivamente en la fuerza de empuje que los sillares ejercen entre sí, ya que en su construcción no se utilizó argamasa, cemento ni producto alguno para sellarlos.



Marián tuvo gusto por hacerse esta foto, junto a la base del acueducto con el célebre mesón "Casa Cándido" al fondo.

El recorrido por Segovia comienza en la calle Cervantes y sigue por la calle Juan Bravo, en cuyas cercanías se encuentran los principales monumentos de la ciudad.

Como la Casa de los Picos, cuya fachada fue decorada así en el siglo XVI por encargo de Juan de la Hoz, cuando la adquirió, para diferenciarla de las construcciones judías.

En Segovia uno se encuentra con no pocos edificios con esta línea decorativa de sus fachadas. Luego veríamos que también fue utilizada en el Alcázar.

Esta es la plaza Medina del Campo presidida por la estatua de Juan Bravo y la iglesia de San Martín.

Juan Bravo fue un líder comunero que encabezó la lucha contra el reinado de Carlos I. Acabó sus días siendo ajusticiado junto a otros líderes de aquella revuelta.



La iglesia de San Martín es de origen mozárabe y estilo románico.


Poco antes de mediodía llegábamos a otro de los puntos señalados de la visita a Segovia: el Alcázar.

Aunque parece ser que en aquel lugar hubo alguna fortificación de manera ininterrumpida desde tiempos de los romanos, el aspecto actual del Alcázar de Segovia se debe a Felipe II. Entre los muchos acontecimientos históricos que tuvieron lugar allí, es de destacar la proclamación de Isabel I como reina de Castilla, el 13 de diciembre de 1.474.




No visitamos el interior del monumento, aunque sí nos atrevimos a subir los 156 escalones de la torre de Juan II. Esta foto y la siguiente están hechas desde la terraza que hay en la primera planta, donde se encontraba el cuarto de la guardia.


Y éstas ya desde arriba.





Monumento a los héroes del 2 de mayo, junto al Alcázar.

El camino de vuelta lo realizamos por la ronda que recorre la vertiente del arroyo Clamores.



Aunque era la segunda vez que pasábamos por sus inmediaciones, la visita a la catedral la teníamos prevista para la tarde.

De camino al restaurante nos encontramos con este cortejo cofrade (era Viernes Santo): el vía crucis del Cristo de San Marcos a la catedral para participar en la "procesión de los pasos", que tendría lugar por la tarde. Aunque nuestro objetivo de aquel viaje no era ver Semana Santa, lo que vimos por casualidad destruyó la idealización que teníamos del espíritu sobrio y respetuoso que siempre escuchamos decir que envolvía en Castilla a esta celebración religiosa.


Aunque no era la mejor hora, por la posición de la luz, para hacer esta foto, sí era la hora de nuestra reserva para comer. El lugar elegido el restaurante "El Bernardino".

El lugar cuidado y acogedor, el trato afable y exquisito y el género de calidad y bien preparado.

Ricos, ricos los judiones que nos zampamos de primero.

¿Y qué decir del cochinillo?

De postre ponche segoviano. Delicioso. A los postres le "desvelé" a Marián mis verdaderas intenciones de aquel viaje: regalarle una entrada para "El Rey León". Ese era mi verdadero regalo de cumpleaños y comer cochinillo en Segovia sólo era en realidad el papel de regalo en el que lo envolví.

Después de comer nos acercamos hasta la catedral, tomada desde la plaza Mayor, para visitarla.

La catedral de Segovia es de las últimas de estilo gótico construidas en Europa. Se construyó entre los siglos XVI y XVIII, adentrándose en la época del Renacimiento, de la que recibe algunas influencias.

Nave central y altar mayor.

Algunos de los muchos pasos que se encontraban montados en la catedral.

Capilla del Sagrario.


Esta cofradía rendía culto a su titular en la capilla de San Antonio.

Tras la visita a la catedral, dimos un paseo por el barrio judío y visitamos el que quizás sea su monumento más significativo: la Sinagoga Mayor, actualmente iglesia del Corpus Christi, adscrita al convento de las Clarisas.

El principal recorrido turístico de Segovia es longitudinal; es decir, calle para arriba y calle para abajo. Bueno, exagero un poco, pero la verdad es que en tu visita de un día tengas que recorrer en varias ocasiones la calle Juan Bravo...

...Y que cuando pases por esta iglesia acabes diciendo con toda naturalidad "San Martin", como si la conocieses de toda la vida.

A media tarde, fuimos a nuestro último punto turístico previsto: el mirador del acueducto que hay junto al postigo del Consuelo y la plaza Avendaño. 

Subir a este mirador nos hizo acusar el esfuerzo realizado por la mañana para subir a la torre del Alcázar.

Decidimos dejar este lugar para la tarde porque pensamos -acertadamente- que la luz del sol a esa hora nos ofrecería una vista más atractiva del monumento.

Allí hicimos las últimas fotos antes de finalizar nuestro viaje a Segovia.

A veces me canso de editar tantas fotos e intento darles un aire diferente.




Y si por la mañana hice una foto del vestíbulo de Chamartín, porque me llamó la atención lo cambiado que estaba, de vuelta a Madrid hice esta de la estación de Metro allí ubicada, la cual no llegué a conocer cuando viví allí.


15 de abril de 2.017.- Lugares de entonces y "El Rey León".

Aquella mañana volvimos a recorrer los lugares donde vivimos, Móstoles y Carabanchel, La calle del Pintor Ribera y la calle de la Gaviota. La mañana la completamos dando un largo paseo por General Ricardos hasta el puente de Toledo y seguimos hasta la puerta del mismo nombre, donde buscamos un sitio para comer. Luego nos fuimos a casa a descansar un ratito y arreglarnos para ir a ver "El Rey León", en el teatro Lope de Vega, en la Gran Vía. Como la función no empezaba hasta las 10 de la noche, tuvimos tiempo de darnos un paseo por allí (Callao, Preciados, calle y plaza Mayor, Puerta del Sol).
Calle del Pintor Ribera de Móstoles, donde vivimos Marián y yo (y Sara desde el 86). Nuestra casa, nuestra primera casa en propiedad, era la tercera (contando desde arriba) del bloque del fondo. El ascenso a Jefe de Estación, la vuelta a Córdoba, tener a Sara... Allí fue donde tomamos decisiones que marcaron el curso de nuestra vida. Al volver a verme allí me sobrecogieron más las sensaciones que los recuerdos en sí.




La puerta de Pintor Ribera nº 1.

No sabíamos si el que fuese Sábado Santo tuviese mucho que ver, pero la urbanización Iviasa estaba excesivamente tanquuila, incluido el mercado de abastos, con muchos puestos cerrados y muy pocos clientes comprando.

"La Venta de Aliste", que tenía una gran parrilla de carbón. Recuerdo que en cierta ocasión mamá se comió allí una ración de oreja que no se la salta un gitano.

Por la estación de Móstoles pasan hoy en día la línea de Cercanías de siempre y la de MetroSur, línea circular que recorre las poblaciones del sur de Madrid. La estación ha sufrido una transformación profunda. Este acceso, que se abre al lado de la urbanización donde vivíamos, no existía en nuestra época.

Y este es el acceso principal a la estación. Nada que ver tampoco con el pequeño edificio de entonces.

Mientras esperábamos el tren para volver a Madrid hice algunas fotos del andén, que sí me recordó al que usaba a diario para ir a trabajar.


Un rato después llegábamos a la estación de metro de "Oporto" para retroceder aún más en nuestro particular viaje por el tiempo. "Oporto" era nuestra estación de Metro cuando llegamos a Madrid, en el 82, y alquilamos la casa de la calle de la Gaviota, en Carabanchel.

Equivocamos la boca de Metro por la que salir, y el primer recuerdo fue confuso; cruce de calles del General Ricardos y de la Oca. Fue necesario caminar por la zona para reubicar aquella estampa en mi memoria.

Y este es el cruce General Ricardos con nuestra calle, con la calle de la Gaviota. Tan cutre como entonces.

Y esta es la calle de la Gaviota, una calle realmente poco atractiva pero en la que estuvimos muy agusto.

Nº 13-bis de la calle de la Gaviota. El primer balcón de la izquierda era nuestra casa.



Y esta es nuestra calle vista desde arriba.

Después de avivar los recuerdos recorriendo la zona, volvimos a pasar por la estación de Oporto, esta vez por la boca de Metro que solíamos usar cuando vivimos allí. Aunque hasta nuestro próximo destino había un buen trecho, le propuse a Marián que lo hicésemos andando.

Nuestro siguiente destino era el puente de Toledo, sobre el Manzanares.



Vista del estadio "Vicente Calderón" desde el puente. Una imagen que queda para la historia, pues al escribir estas líneas aquél ya ha dejado de ser el campo del Atlético de Madrid.


Aunque cansados ya de tanto andar, subimos hasta la Puerta de Toledo para contemplar el monumento y buscar un sitio donde comer.


Después de una mañana tan completita regresamos al apartamento del Enrique para descansar un rato.

El día lo íbamos a acabar viendo "El Rey León". Sería el broche de oro a un día especial. aunque la función no empezaba hasta las 10 de la noche, desde un par de horas antes ya estábamos por allí, para dar un paseo que también nos traería viejos recuerdos. 


Y con esta foto de Marián a la entrada del teatro Lope de Vega damos por finalizado el reportaje del segundo día.

15 de abril de 2.017.- Otros lugares de entonces.

Todavía nos quedaba Madrid hasta las 5,30 h. de la tarde. La idea era dejar el apartamento del Enrique ni muy temprano ni muy tarde, ir a Atocha, dejar el equipaje en consigna y dirigirnos en metro haciala zona del Madrid de los Austrias para iniciar un paseo que nos llevase hasta la catedral de la Almudena (que nunca visitamos cuando vivimos allí), recorrer el exterior del palacio de Oriente, entrar en el parque del Oeste para ver el templo de Debot y bajar hasta Príncipe Pío; para ver mi antigua estación y coger un Cercanías que nos devolviese a Atocha, donde comeríamos y haríamos tiempo para coger el tren. Todo salió a pedir de boca, tal como habíamos previsto. ¡Ah! Y como se trataba de revivir viejas sensaciones, lo último que hicimos en Madrid antes de irnos para la estación a esperar la hora del tren, fue comernos un bocadillo de calamares con mayonesa en el antiguo bar de El Brillante de Atocha. Ea.
Por ella no pasan los años. A pesar de la profunda transformación que han sufrido sus entrañas y la funcionalidad de sus instalaciones, tiene la misma cara de siempre. Ahora caigo en que, sin proponérmelo, de este viaje me iba a traer la constatación gráfica de cómo han afectado el paso del tiempo y el progreso a las que a lo largo de la historia fueron las tren estaciones más importantes de trenes de larga distancia de Madrid.

Comenzamos nuestro paseo de aquel día desde la estación de Metro de Tirso de Molina.

El estilo urbanístico de aquella zona de Madrid, entre lo añejo y lo señorial, resulta fascinante.

El edificio del fondo es el palacio de Santa Cruz, de estilo Herreriano, que entre otros usos tuvo el de cárcel y actualmente es la sede del ministerio de Asuntos Exteriores.

Ni teníamos tiempo suficiente para ello ni era nuestra intención recrearnos en los muchos edificios y sitios que aquella zona tiene que ver. La idea sólo era dar un agradable paseo matinal.

Esta es la basílica pontifica de San Miguel, que fotografiamos al paso.





Esta es la iglesia catedral Castrense. En esta sí entramos.


Este es el Cristo de los Alabarderos, cuya cofradía tiene su sede canónica en este templo. Luego he leído por ahí que la estación de penitencia la inicia desde el Palacio Real, saliendo por la Puerta del Príncipe.

Y esta es la catedral de la Almudena, la que íbamos a visitar por primera vez en nuestra vida.


Bueno, tal como nos temíamos, la visita nos salió de aquella manera; porque era Domingo de Resurrección y se estaba celebrando una multitudinaria y superconcelebrada función religiosa.

Luego seguiríamos caminando por la calle de Bailén, para ir contemplando la fachada principal del Palacio Real.









Al fondo, la torre Madrid indica otro de los puntos que nos hubiese gustado visitar aquel día: la plaza de España; aunque desistimos de ello, pues había que dar un gran rodeo, que incluía un buen tramo de la Cuesta de San Vicente, para acercarnos hasta allí.

El templo de Debot, en el parque del Oeste. La primera vez que vi este monumento fue con papá, cuando me llevaba a El Escorial, "de campamentos". Yo tendría unos 10 años, pero todavía recuerdo su explicación: la construcción de la presa de Asuán inundaría una zona donde se encontraban varios templos egipcios y Egipto regaló algunos de ellos a los países que colaboraron con su salvación.




El templo conserva la misma orientación que tenía en su emplazamiento original en Egipto.







Marián me esperó sentada a la sombra, hacía bastante calor, a que yo hiciese la serie anterior de fotos.







Dejábamos el parque del Oeste para dirigirnos a la última visita de nuestro viaje...

...La estación de Príncipe Pío. Allí pasé una época ferroviaria inolvidable, por lo que me entristeció ver el estado de abandono del edificio de la estación.

Hoy en día, la estación es un moderno núcleo de intercomunicación tren-metro-bus, dentro de la red de Cercanías de Madrid, Nada que ver con el servicio que prestaba y las instalaciones decimonónicas de que disponía cuando yo trabajaba allí.

Al menos han conservado su extraordinaria marquesina. Siempre escuché que fue diseñada por Eiffel, aunque no he encontrado ningún documento que lo corrobore.

Aquí cogimos un tren de Cercanías para regresar a Atocha, donde nos comimos nuestro proustiano bocadillo de calamares y tomamos el tren para regresar a Córdoba. Fin de viaje.


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