viernes, 16 de junio de 2017

16 de junio de 2.017
Cuando llegamos a nuestra habitación del hotel Don Miguel y abrimos la ventana nos llevamos la alegría de comprobrar que las vistas sobre el tajo que prometía la publicicdad era cierta. El espectáculo de la vista en sí era completado por una multitud de pájaros de diversas especies que, cada uno con su canto o reclamo particular, sobrevolaban el tajo, por debajo nuestra.

Una vez instalados en el hotel, salimos a dar una vuelta por el pueblo y cenar. Nos llamó la atención el ambiente de las calles. Puede que Ronda sea el lugar con más bares y restaurantes, todos llenos, por metro cuadrado de cuantos he visitado. Antes de acostarnos nos tomamos una copa en una de las terrazas del restaurante del hotel.

17 de junio de 2.017
Aunque no madrugamos mucho, Ronda estaba tranquila a primeras horas de la mañana, cuando buscábamos un sitio para desayunar. La noche anterior, esta calle, y todas las aledañas, era una terraza única de veladores que recorrían la calle de punta a punta, dejando libre sólo un pequeño espacio en los laterales para el paso de los peatones.

Desayunamos en la "Churrería Alba", una casa antigua convertida en bar, un buen lugar para comenzar una larga jornada.

Sin un plan preestablecido de manera concienzuda, comenzamos la jornada cuesta abajo.





Esta es la fuente de los ocho caños, construida en el siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V.



Después entramos en los jardines de Cuenca, una serie de terrazas escalonadas junto a una de las cornisas del tajo que ofrecen una vistas maravillosas de aquel espacio natural. El edificio de la parte derecha es nuestro hotel.













Vista del puente Viejo desde los jardines de Cuenca.

Frente por frente a los jardines, al otro lado del río, se encuentra el palacio del Rey Moro; pero se encontraba en obras y no pudimos visitarlo.







Después de visitar los jardines de Cuenca continuamos nuestro camino.

Camino que nos llevaría al puente Viejo, donde encontramos el rodaje de una película de chinos o, en todo caso, orientales. Por el despliegue de medios que se apreciaba, debía de tratarse de una producción importante.





Aunque hasta el puente Viejo la bajada ya era considerable, todavía se podía bajar más. Por uno de los laterales del puente una complicada escalera nos llevaría a nuestra siguiente visita.



En la parte más baja del pueblo, prácticamente al nivel del río, se encuentran los antiguos baños árabes.











Esta es la noria desde la que se extraía el agua del río para surtir la caldera de los baños.



Según nos explicaron en el hotel, saliéndonos "un poco" de la ruta al uso y cogiendo este camino nos encontraríamos con unas hermosas vistas del pueblo, visto desde lo alto.



Empezaba a hacer mucho calor (¿os acordáis de la ola de calor que tuvimos en junio?) y empezamos a dudar si íbamos por el camino correcto o si merecería la pena realmente.

Estos son Wanda y Brad (o algo así), de Texas; siguieron el mismo camino que nosotros tras visitar los baños árabes, según ellos por decisión propia, yo creo que inducidos por nosotros. Cuando volvimos a la civilización, en el primer bar que encontramos los invitamos a refrescarnos juntos y echar un rato de charla.

Esta es la plaza Ruedo Alameda, también conocida como plaza de San Francisco.

Y esta es la puerta de Almocábar, del siglo XVIII.



Seguimos nuestro recorrido, ya intramuros de la ciudad, con la visita a la iglesia del Espíritu Santo, cuya construcción se inició el mismo año en que Ronda era reconquistada, en 1.485, por mandato expreso de los Reyes Católicos.

Según leo, es de estilo gótico tardío con algunos rasgos renacentistas.



Ronda ofrece una bella estampa de casas blancas desde las murallas del Carmen.



Al fondo, la iglesia de María Auxiliadora, donde no entramos porque el reloj ya empezaba a recomendarnos hacer algún recorte en nuestro camino.

Plaza de la duquesa de Parcent, donde se encuentra el ayuntamiento y Santa María la Mayor, la iglesia principal de Ronda.




Campanario de Santa María la Mayor, iglesia que íbamos a visitar antes de comer.



El templo se contruyó sobre la mezquita aljama de la ciudad, al ser reconquistada en 1.485. De estilo gótico, los destrozos causado por un terremoto en el siglo XVI obligaron a una importante labor de reconstrucción.

La iglesia tiene una magnífica sillería de estilo renacentista.

Nuestra Señora del Mayor Dolor es una valiosa talla atribuida a Alonso Cano o Pedro de Mena.



La parte alta del templo te ofrece unas buenas vistas de Ronda.





El ayuntamiento visto desde la iglesia.





Comimos en El Sacristán, un asador de leña del que fueron ciertas las buenas referencias que llevábamos de él.

Como en Ronda nada queda excesivamente lejos, decidimos irnos al hotel a descansar un rato, hasta que pasasen las horas más fuertes de calor.

Por la tarde salimos para bajar otra vez hasta el puente viejo, pero por la otra cornisa del tajo.







Aunque el palacio del Rey Moro estaba cerrado por obras, sí pudimos bajar a la Mina del Agua, una interesante atracción turística. En la entrada encontramos estos pavos reales.

A la Mina del Agua se accede a través de los jardines de la casa del Rey Moro.

Un descenso de 231 escalones, que luego hay que subir para volver a la calle, te permiten recorrer esta curiosa obra de ingeniería árabe del siglo XIV, excavada sobre la roca para extraer agua del río Guadalevín.





A la caída de la tarde, aquel hondo lugar es un remanso de paz.











Celebré el regreso a la superficie haciendo esta foto del puente Viejo y los baños árabes, vistos desde los jardines desde el palacio de Rey Moro.

Recuperado el resuello, seguimos nuestro paseo vespertino.







Esta es la puerta de Felipe V, construida durante su reinado, en 1.742, para sustituir a la de época musulmana que había allí.





El sol empezaba a declinar y, pasando por el mirador de la Aldeuela, desde donde hice esta foto, buscábamos nuestro último enclave pintoresco de Ronda.

En la alameda del Tajo se encuentra el popularmente conocido "balcón del coño", un buen lugar para contemplar la puesta de sol y dar por finalizada la visita a Ronda.











Por la noche salimos a cenar y dar un paseo por el pueblo, para acabar, como la noche anterior, tomándonos una copa en una de las terrazas del restaurante del hotel. Todo perfecto.






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