jueves, 23 de mayo de 2019

El viajero se porta como espectador de una singular obra de teatro, que trata de comprender en silencio desde la perspectiva de su butaca. Le gustaría subirse al escenario y poder contemplar la obra de cerca, formar parte de ella sin alterarla. El turista, en cambio, valora más los decorados que la obra en sí; quisiera verlos de cerca, poder tocarlos. No repara en nada. Visita en masa escenarios en los que ya no se representa ninguna obra, escenarios que ha colapsado, obligando a los actores a apartarse a un lado, a hacer mutis por el foro impotentes, resignados. En el escenario ya no hay actores, sólo estamos nosotros, los turistas. Y los decorados.
Kafka al paño.
Quizás no haya nada tan opuesto a un viajero como un turista.
Me confieso turista, pero no voy a llorar -por haber perdido el sol- al dejar este testimonio de mi último viaje. Y como otras veces, construyo ahora aquí, con un poco de literatura y un buen número de fotografías, el refugio donde la memoria del viaje quede al abrigo del olvido; y así poder revivir, sea cuando sea, las sensaciones que me embargaron aquellos pocos días que pasé en Praga, la madre de todas las ciudades, una de las ciudades más encantadoras que se puedan visitar.
Aunque debo advertirte que esta será posiblemente una de las guías más incompletas de Praga que puedas encontrar. Te aseguro que aquí no están la mayoría de las visitas obligadas que hay que hacer en Praga, que aquí sólo dejo constancia de unos días de asueto pasados en un lugar realmente maravilloso, nada más.

La plaza de la Ciudad Vieja y el reloj astronómico
23 de mayo de 2.019 (primer día)

El reloj astronómico y la plaza de la Ciudad Vieja constituyen una de las cuatro constantes que se dieron durante nuestra estancia en Praga. Encantada, hechicera, justifica todas las veces que la visites, por muy corta que sea tu estancia en Praga; pero para nosotros era además el punto de partida o de finalización de nuestras jornadas praguenses. Por ello, la plaza de la Ciudad Vieja y el reloj astronómico aparecen en este reportaje en más de una ocasión, a diario.



El río Moldava
24 de mayo de 2.019 (segundo día)

Presididos por el de Carlos IV (Karluv most), los puentes de Praga nos regalan unas hermosas perspectivas del río Moldava, siempre animado con su variada actividad fluvial de recreo; Nosotros pudimos deleitarnos a diario de la vista que ofrece el puente de Mánes (Manesuv most), dedicado al pintor local Josef Mánes. Al igual que la plaza de la Ciudad Vieja, aquel puente era de paso obligado para nosotros, tanto a la ida como de regreso al hotel.



Los tranvías de Praga
25 de mayo de 2.019 (tercer día)

Praga dispone de una red de transporte público envidiable. Para el usuario, económica, eficiente y más que suficiente. El tranvía es, sin lugar a dudas, la estrella del transporte público en Praga. No sólo satisface en frecuencia, puntualidad y diversidad las necesidades de la mayoría de los praguenses y visitantes, sino que su circulación constante por las adoquinadas calles, entre edificios de nobles fachadas, configuran uno de los encuadres más sugestivos de la ciudad.



Las vistas desde la habitación del hotel
26 de mayo de 2.019 (cuarto día)

Aunque el hotel Klarov data de 1.889, su interior fue reformado en 2.011, y ahora, encajado en una manzana de edificios de arquitectura clásica praguense, conjuga su vistosa fachada neobarroca con habitaciones modernas, amplias y cómodas, que hacen muy agradable la estancia. En consonancia con la cultura musical de los checos, cada una de sus 25 habitaciones está dedicada a un músico que, duradera u ocasionalmente, ha tenido alguna vinculación con Praga. La nuestra estaba dedicada a Jon Bon Jovi; razón por la que, a la vuelta a casa, he ahondado algo en su conocimiento y encontrado el que bien podría ser el lema de nuestros viajes: I'll sleep when I'm dead. Pero el hotel Klarov es además un hotel con vistas. Nuestra habitación era un magnífico mirador, que te ofrecía, al frente, el amplio espacio de la ciudadela del Castillo y la colina Petrin; y abajo una zona ajardinada y la entrada al atractivo barrio de Mala Strana, con una de las paradas de tranvía más concurridas y entretenidas de Praga. A la izquierda se dejaban intuir el río y la Ciudad Vieja.



EPILOGO
Este reportaje lo acabo de montar el 13 de julio de 2.019, mes y medio después del viaje. He dedicado mucho tiempo a la preparación de las fotos, como suele ser habitual en mí; pero, en esta ocasión, no tanto como el tiempo que he dedicado a documentarlas. Fuimos a Praga como turistas al uso, con nuestra capacidad de asombro abierta de par en par y, así, dispuestos a dejarnos impresionar por todo lo que allí viésemos; pero ha sido luego, durante la labor de documentación de las fotos, cuando he descubierto realmente dónde estuve hace ahora más de un mes.
Y es que nos sentamos ante el ordenador para preparar nuestro próximo viaje y nos preguntamos ¿qué hay que ver allí?, y con la miríada de consejos que nos hacen quienes nos precedieron vamos pergeñando nuestro programa del viaje, con las cosas que tenemos que ver allí.
¿Y si, en vez de preguntarnos qué hay que ver allí, nos preguntásemos quiénes son? Ahora comprendo que de habérmelo preguntado antes, hubiese ido descubriendo de una manera más natural, más propia, lo que de verdad había que ver allí; que si yo hubiese sabido algo más sobre ¿quiénes son?, hubiese podido comprender la verdadera naturaleza de lo que vi; y hubiese visto cosas que no vi y dejado de ver algunas cosas que vi.
Este mes y medio de montaje de este reportaje me lleva a reencontrarme conmigo mismo y a rescatar valores que plasmé en este fragmento de un relato que escribí hace ya muchos años, puede que cuando tan sólo tuviese la mitad de los años que tengo ahora:
A todos los viajeros les gusta dejarse seducir por la belleza y el encanto del itinerario que recorren, de los lugares que visitan. Pero el viajero avezado, el de amplio bagaje, aventaja al que no lo es en que además sabe que la naturaleza de las cosas y las gentes, sus señas más íntimas de identidad, se halla celosamente oculta detrás de esa belleza del recorrido, detrás de las urbes y los campos, y de sus moradores, oculta en la historia y las costumbres de los pueblos; y hace frecuentes detenciones indagatorias para descubrirla, para conocerla y llenar plenamente de sentido su viaje.
Tiene que haber un antes y un después; porque, aunque son mías, estas palabras me vienen grandes ahora. Si yo volviese a cualquiera de mis destinos anteriores, lo haría con la intención de enriquecer la experiencia anterior. Pero si volviese a Praga sería diferente, volvería a ser un viaje inédito para mí.

Todas las fotos en Google Drive

En Google Drive puedes ver el reportaje fotográfico completo del viaje, con todas las imágenes de los cuatro artículos y algunas más, clasificadas en carpetas por días, más otra carpeta con una selección de todas las fotos realizadas.


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