LA JORNADA
Comenzábamos nuestro tercer día en la capital de Bohemia con la consigna de priorizar el disfrute pausado de la ciudad, aun a expensas de dejar de visitar lugares que difícilmente volvamos a tener tan a mano en la vida. Preámbulos aparte, empezaríamos subiendo a la torre de la Pólvora y luego nos daríamos un paseo por la Ciudad Nueva.
La jornada diurna la finalizamos temprano, sobre las 5 de la tarde, pues antes de las 8 teníamos que estar en el muelle de embarque de la compañía Prague Boats para realizar el crucero por el Moldava.
El fin de fiesta lo pondríamos tomándonos un par de copas de despedida en la terraza del ambientadísimo Hard Rock de Praga.
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Antes de empezar nuestra ruta turística en sí, íbamos a recrearnos en el espacio abierto que se contemplaba desde la habitación del hotel. En la imagen, un tranvía se acerca a la parada de Mala Strana.
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Este es el monumento a los checos caídos en el II Guerra Mundial. En la base pone: 1.938-1.945, para recordar que aunque la declaración de guerra a Alemania tuvo lugar el 3 de septiembre de 1.939, la invasión de Checoslovaquia ya había comenzado un año antes.
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Este león alado está dedicado a los pilotos checos y eslovacos que combatieron, encuadrados en las fuerzas aéreas británicas, en la guerra contra Alemania.
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Unas fotos de Marián allí.
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Junto al puente de Mánes había una colonia de cisnes y Marián quiso bajar a verlos de cerca.
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Un par de fotos de este llamativo tranvía cuando pasábamos por el Rudolfinum, al empezar nuestra ruta del tercer día en Praga.
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Mercado de Havelská, el más antiguo de Praga, que data del siglo XIII. Ahora, además de muchos puestos orientados al turismos, tiene también algunos de frutas y otros productos agrícolas.
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Era sábado y desde por la mañana muchos turistas ocupábamos ya las calles de la Ciudad Vieja.
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Desde el mercado de Havelská hasta la torre de la Pólvora, nuestro siguiente destino, pasamos por penúltima vez por el reloj astronómico.
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El paseo en un coche de época es uno de los atractivos turísticos de la ciudad, como puede verse en más de una imagen de este reportaje.
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Mucho forastero en Praga aquel fin de semana de finales de mayo.
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Vistas desde la torre de la Pólvora.
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Marián sentaíta en el rellano superior de la torre.
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Por aquí vamos abandonando la Ciudad Vieja para adentrarnos en la Ciudad Nueva.
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No creo que los checos nos vayan a recordar por nuestras dotes pictóricas ni nuestra ortografía, pero aportamos nuestro ladrillo de arena para contribuir a la construcción de un mundo mejor, tal como pedían los chavales de una organización humanitaria en la calle Prikope.
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Paseando por la Ciudad Nueva.
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Este bulevar, que ocupa el centro de la calle Wenceslao (Václavské), nos llevaría hasta la plaza del mismo nombre. La Ciudad Nueva (Nove Mesto) tiene su origen en un ambicioso proyecto urbanístico del siglo XIV para la ampliación de Praga, llevado a cabo por el rey Carlos IV para convertirla en la capital del imperio.
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Edifico neorrenacentista del Museo Nacional de Praga, en la plaza de Wenceslao.
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En la plaza de Wenceslao han tenido lugar manifestaciones masivas de muy diferente índole. La usaron los nazis para hacer ostentación de poder durante la ocupación del país, y en 1.989 fue el lugar elegido por los checos para manifestarse contra el régimen comunista, durante la Revolución de Terciopelo. También tuvo su protagonismo durante la Primavera de Praga, pues fue el lugar donde el estudiante Jan Palach se quemó a lo bonzo para protestar contra la supresión de la libertad de expresión.
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Este día nos quitamos el hambre del mediodía en un Burger King y luego andurreamos durante un par de horas por la Ciudad Nueva.
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Este diseño de tranvía no lo había visto antes: foto.
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Si en Córdoba tenemos al artista plástico Goval, que mueve a sus vecinos de la calle Imágenes a adornarla en primavera, los checos tienen a David Cerný. Cuando retornando a la Ciudad Vieja , entramos en la calle Husova nos encontramos con su Viselec (el colgado), que representa a un Sigmund Freud deseperado pero resignado.
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Aunque el 70% de los checos se declaran agnósticos o ateos, Praga conserva en muy buen estado una gran cantidad de templos, tanto católicos como protestantes. Muchos no tienen culto hoy en día, pero son una parte esencial de la infraestructura necesaria para desarrollar el amplio programa musical que la capital ofrece cotidianamente a propios y extraños. Esta es la iglesia de San Gil o Egidio (Kastel svatého Jiljí), de los dominicos, de estilo barroco. Aquí se suceden los conciertos de música clásica, polifónica, de órgano, de jazz...
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Fray Escoba fotografiado por Marián.
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No he conseguido localizar dónde hice esta foto. En todo caso fue la última de la ruta. Ya íbamos hacia el hotel para prepararnos para la cena por el Moldava.
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Puente Cech (Cechuv most), dedicado al escritor checo Svatopluk Cech, junto a los muelles de embarque para los cruceros por el río Moldava.
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El interés que mostró el personal de Prague Boats para resolver un error en nuestra reserva nos permitió disfrutar de un crucero por el Moldava con cena tipo bufé y música en directo.
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La foto nos la hizo una amable mujer checa. Salió borrosa, pero habrá que ponerla.
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Esta, de Marián, también vale como recuerdo.
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Volvíamos a encontrarnos con el puente de Carlos IV, ahora desde el río.
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El vistoso edificio de la izquierda, de estilo neorrenacentista, es el museo Bedrich Smetana, dedicado a la vida y obra de este compositor, considerado el padre de la música checa, el pilar fundamental de la aparición de un estilo de música con identidad nacional propia.
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Los checos son unos apasionados del jazz. Aquí nos cruzamos con un barco dedicado exclusivamente a este estilo musical.
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Ultima foto del Karluv most, a la caída de la noche.
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Después de algo más de dos horas surcando el río Moldava, volvíamos a pisar tierra firme.
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Faltaba la foto nocturna del reloj astronómico, y como el Hard Rock estaba cerca...
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Había refrescado, pero no se estaba mal en la terraza del bar. Allí estuvimos un rato despidiéndonos de Praga y disfrutando de un ambiente nocturno muy animado.
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A nuestro paso por la plaza de la Ciudad Vieja, camino del hotel, hice esta foto de la iglesia de Tyn.
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Y antes de acostarme, estas dos desde la ventana de nuestra habitación.
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Hay unas cuantas fotos más del tercer día, que puedes ver en Google Drive.
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