martes, 18 de febrero de 2020


El hombre, en su suprema tontería, siempre ha querido medir el tiempo, no sé muy bien para qué. Inventó el reloj para medir las horas y los ratos menores que las horas, e inventó el calendario para medir los días y los lapsos mayores que los días. Los humanos dicen “dos días son dos días, duren lo que duren”, pero tú sabes que eso no es así, que no todos los días son iguales de largos, que unos pasan volando y otros parece que no van a acabar nunca. (Conversando con mi perrilla, allá donde siga).
Pero los relojes y los calendarios no perciben la elasticidad que el tiempo experimenta en el interior de cada uno, según las circunstancias de nuestra vida. Ni tampoco pueden medir la ocupación o rendimiento. Por ejemplo, tú no puedes afirmar que para escribir una novela de 1000 páginas se necesitan 9 meses y medio en todos los casos. Si tienes una experiencia concreta que contar, si te viene la inspiración, si ninguna preocupación te distrae, necesitarás menos tiempo que si te falta alguno de estos u otros condicionantes. Yo, por ejemplo, ahora que tengo tiempo más que suficiente para escribir la introducción de este artículo y comentar algunas fotos, no consigo escribir absolutamente nada sobre el paso de Massouley por casa de Toñi y Luije. He visto algo para contar, pero la inspiración no me viene y la preocupación me distrae. No es cuestión de tiempo. El reloj, ese “gran invento” del hombre, no sabe de pandemias y confinamientos, no los procesa, no mide cómo pueden afectarnos. El sólo me dice "tiempo para hacerlo lo tienes"; y yo le contesto "You know nothing, Jon Snow".
Así las cosas, así yo, me vais a perdonar que no aporte nada de literatura a este reportaje fotográfico, nada que documente el paso de Massouley por casa de Toñi y Luije para curarse de su dolencia cardíaca, dentro del programa de ayuda que viene desarrollando Tierra de Hombres. Espero que las fotos, hechas una vez el niño ya había recuperado completamente su salud, como en todos los casos anteriores, os reconforten y sirvan para mantener el recuerdo permanente de esta nueva experiencia solidaria.

Y aquí tenéis el enlace a Google Drive donde disponéis de las fotos que componen este reportaje y unas cuantas más. Si queréis descargaros alguna foto, compartirla, etc., mejor que lo hagáis desde Google Drive que desde el blog. Para aliviar el peso de los archivos las fotos tienen reducida considerablemente la resolución; así pueden apreciarse correctamente en móviles y dispositivos móviles actuales; pero si queréis alguna copia para imprimirla, ampliarla o alguna finalidad específica que precise una resolución mayor, no dudéis en decírmelo, que os la preparo encantado en un santiamén.


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