martes, 26 de mayo de 2020

Cuando el 13 de marzo de 2.020 se decretó nuestro enclaustramiento doméstico y el cierre de toda actividad que no fuese esencial, pensé que el proceso de reversión a la normalidad posiblemente nos brindase una oportunidad única para disfrutar de una manera especial de nuestros principales monumentos, como a la postre ocurrió. En un momento primitivo de la llamada desescalada, cuando a los españoles se nos permitió volver a salir a la calle, pero sin alejarnos mucho de casa, la Mezquita-Catedral abría sus puertas para que pudiese ser visitada exclusivamente por los cordobeses de la capital.
Fue el 25 de mayo cuando el monumento reabrió sus puertas y un día después, poco antes de las 10 de la mañana y con mi entrada en la mano, esperaba yo el comienzo de las visitas de ese día. Fue la primera de las tres veces que fui a la Mezquita durante aquel lapso, tres visitas realmente únicas por la intimidad en que pudieron ser realizadas; especialmente las dos primeras. Cuando realicé la tercera visita, ya se permitían los desplazamientos entre provincias de la misma comunidad y se notó un poco en el número de visitantes que coincidimos, aunque la visita seguía siendo especialmente tranquila. Aquella tercera visita fue especialmente emotiva para mí, pues el Cabildo tuvo a bien concederme una hora para poder hacer fotos con trípode, atendiendo a una solicitud que había cursado unas semanas antes. Fue una experiencia inolvidable.
He utilizado indistintamente fotos de aquellos tres días para ilustrar este artículo, que en ningún momento debe tomarse como un documento fiable para conocer el monumento; sino simplemente como una colección, más o menos ordenada, de las fotos que hice cuando lo visité aquellas tres veces.
La Mezquita de Córdoba, como cualquier monumento de tan dilatada historia, genera no pocos debates sobre muchas de sus particularidades. Uno de los más llamativos para mí es el que intenta discernir la manera más acertada de llamarla, cuál sería el nombre que recogiese con mayor fidelidad todo lo que el monumento es en la actualidad. En una charla que tuve la ocasión de mantener con don Manuel Nieto Cumplido, canónigo-archivero que fue del cabildo catedralicio y uno de los hombres más doctos sobre el templo en cuestión, me dijo que para él, el nombre que mejor cumple ese fin es el de "Mezquita-Catedral". Y así es como yo suelo llamarla. Pero preparando este artículo he tenido conocimiento de que don Miguel Salcedo Hierro, cronista de la ciudad, ya fallecido pero al que también tuve la suerte de conocer, escribió un libro sobre el monumento que tituló "La Mezquita, Catedral de Córdoba" (¡Quién lo tuviera!). Magistral manera de nombrar al monumento, por su escueta precisión. Espero que don Miguel me perdone desde el cielo por haberle tomado el título de su libro para dárselo a este artículo.

La torre de la catedral, junto a la puerta del Perdón, envuelve el alminar de la época de Abderramán III.

Mezquita primitiva de Abderramán I y ampliaciones de Abderramán II y Alhakén II.
En este primer bloque incluyo fotos de la primitiva mezquita que construyera Abderramán I y de las ampliaciones de Abderramán II y Alhakén II.
Fotos hechas junto a la puerta de las Palmas, por la que se accede al interior del monumento. Nos encontramos en las naves de la primitiva mezquita, de Abderramán I.
Algunas fotos de la mezquita original, cuya construcción fue ordenada por Abderramán I en el 784.
Las siguientes fotos pertenecen ya a las ampliaciones de Abderramán II, finalizada por su hijo en el 855; y de Alhakén II, llevada a cabo entre el 961 y el 966, para dar cabida a la cantidad de fieles que acudían a orar a esta mezquita aljama, muchos de los cuales debían quedarse en el exterior, protegidos por unos toldos que había instalado Abderramán III, padre de Alhakén.

Capillas cristianas ubicadas en esta zona.
La cristianización del templo mahometano trajo consigo la instalación de un número considerable de capillas cristianas repartidas a lo largo y ancho del edificio. Aquí queda constancia de algunas de las que se encuentran en la parte correspondiente a los abderramanes I y II y Alhakén II.
Capilla de San Simón y San Judas.
Capilla de San Antón o San Antonio Abad.
Altar de la Virgen de la O.
Vista general de la zona de Abderramán II y, al fondo, de Alhakén II. A la izquierda, el altar de Nuestra Señora de la Concepción.
Capilla de San Esteban y San Bartolomé, en el espacio de Alhakén II. Esta capilla pertenece a la familia Góngora, lugar en el que descansan los restos mortales de su miembro más insigne, el escritor cordobés Luís de Góngora y Argote.
Otra capilla que se encuentra en la ampliación de Alhakén II es la dedicada a dedicada a San Juan de Avila, doctor de la Iglesia.
También la ampliación de Alhakén fue la escogida para montar esta significativa exposición, con restos arqueológicos hallados en los años 30 de la pasada centuria por el arquitecto conservador del monumento, Félix Hernández, quien así pudo confirmar la existencia, anterior a la obra de Abderramán I, de la basílica visigoda de San Vicente; cuya planta aprovechó el emir omeya para construir la primitiva mezquita. Parece ser que al principio hubo un uso compartido, aunque para ello los cristianos debían pagar tributo al emir.

Capilla de Villaviciosa.
La capilla de Villaviciosa, de estilo gótico, fue la capilla mayor del templo cristiano desde 1.486, cuando se construyó, hasta 1.607. Se erigió en el lugar donde en 1.236 se ofició la primera misa cristiana, cuando Córdoba fue reconquistada por el rey Fernando III.
Dos fotos de lugares adyacentes a la capilla de Villaviciosa.
Vista general de la capilla de Villaviciosa. Al fondo, la capilla Real, cerrada actualmente a las visitas.

El mihrab.
El mihrab de la mezquita de Córdoba es el correspondiente a la ampliación de Alhakén II. El mihrab es el espacio más sagrado de una mezquita y que situado junto a la qibla, debe encontrarse orientado hacia la Meca, lugar hacia el que los creyentes deben dirigir sus oraciones. En todo caso, el mihrab de la mezquita de Córdoba no se encuentra orientado correctamente hacia aquella ciudad santa de los musulmanes, cosa que ha dado lugar a mucha literatura para conjeturar las posibles causas de esta anomalía, esgrimiéndose desde las más funcionales de las razones hasta las más poéticas de las hipótesis. Aunque a mí simpre me sedujo la fantasía de que Abderramán I la construyó, por nostalgia, con la misma orientación que tiene la de Damasco, este artículo de ABC da la que probablemente sea la explicación más coherente. Delante del mihrab se encuentra la maqsura o lugar reservado al califa para asistir a la oración.
Vista general de la maqsura y el mihrab

Capilla mayor de la catedral.
La síntesis del despropósito arquitectónico que supuso la construcción de la capilla mayor actual, por deseo expreso del obispo Alonso Manrique de Lara, en oposición a todos los estamentos civiles e, incluso, religiosos, de la ciudad, queda resumida en las palabras del emperador Carlos V, quien años antes había aurtorizado la obra, cuando visitó por primera vez el monumento: "Yo no sabía qué era esto, pues no hubiera permitido que se llegara a lo antiguo; porque hacéis lo que puede haber en otras partes y habéis deshecho lo que era singular en el mundo". En todo caso, en 1.607 esta capilla tomó el relevo a la de Villaviciosa como capilla mayor.
Con todo, la obra dirigida por la saga de los Hernán Ruiz es realmente monumental. Además, quizás no sea descabellado suponer que a su construcción debamos agradecer la conservación del monumento en su conjunto. Pues no falta quien piensa que, aún cercenada en lo fundamental su naturaleza arquitectónica, la Mezquita de Córdoba ha perdurado hasta nuestros días en buen estado de conservación, gracias a su conversión en templo cristiano y a un uso ininterrumpido desde que esto ocurrió, en 1.236. Sí, cabe la posibilidad de que sin un interés por parte de la iglesia católica por conservar y dar uso al monumento; si, por ejemplo, el primer templo de la ciudad se hubiese construido en otra parte, la mezquita de Córdoba ya no existiría. Si no, fijaos en Medina Azahara, que llegó a perderse prácticamente, más por los efectos del abandono y el expolio desconsiderado de los propios cordobeses, que por la erosión del tiempo. En este enlace se habla algo del tema.
El retablo mayor, construido en mármol data de 1.653.
San Rafael, omnipresente en Córdoba, ocupa también un lugar principal en el presbiterio de la catedral.

Coro.
El coro de la catedral es también una majestuosa obra en la que intervinieron sucesivos arquitectos. La sillería es obra de Pedro Duque Cornejo.
Trono episcopal, dedicado a la ascensión del Señor.
Los medallones de la sillería están dedicados principalmente a la vida de Jesús y de su madre, a la biblia y a los mártires cordobeses.
El coro cuenta con dos órganos de gran calidad y aspecto, ambos realizados en los XVII y XVIII, aunque han recibido importantes reformas a lo largo de los siglos. Estas dos fotos son el órgano del lado del evangelio.

Ampliación de Almanzor.
El aumento de la población musulmana en la ciudad obligó a una nueva ampliación en la época de Almanzor. Se agregan 8 naves a las 11 ya existentes. Las dimensiones de la ampliación obligaron a llevarla a cabo hacia un lateral, en vez de seguir la línea longitudinal de las anteriores ampliaciones. He leído por ahí, que la falta de artistas de la época capaces de superar la belleza y calidad del mihrab existente, el de Alhakén II, llevó a Almanzor a optar por conservar éste, aunque dejase de ocupar el centro de la qibla.

Capillas cristianas ubicadas en esta zona.
Antes de mostraros las fotos de la ampliación de Almanzor, dejo constancia de algunas capillas de las que se encuentran en esta zona.
Capilla o parroquia del Sagrario, construida en el siglo XVI.
Altar de Santa María el Azul, dedicado a los niños del colegio del Angel de la Guarda de Niños de Coro, que, al parecer, en el siglo XVIII contribuyeron sobradamente con sus cantos al engrandecimiento de los oficios que se celebraban en la catedral.
Capilla de Santa Marina, de San Matías y del Baptisterio.
En el espacio de la ampliación de Almanzor se encuentra una pequeña exposición con restos arqueológicos y enseres antiguos del edificio.
Y aquí os dejo diferentes ángulos, con las columnas y los arcos de herradura como protagonistas,  de las naves de la ampliación de Almanzor.
Se acabó.

Y aquí tenéis el enlace a Google Drive donde disponéis de todas las fotos, de las que componen este reportaje y alguna más. Si queréis descargaros alguna foto, compartirla, etc., mejor que lo hagáis desde Google Drive que desde el blog. Para aliviar el peso de los archivos las fotos tienen reducida considerablemente la resolución; así pueden apreciarse correctamente en móviles y dispositivos móviles actuales; pero si queréis alguna copia para imprimirla, ampliarla o alguna finalidad específica que precise una resolución mayor, no dudéis en decírmelo, que os la preparo pronto y encantado.

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