sábado, 6 de junio de 2020


Dedicado a Manolito Pérez, dicho así.
Yo nunca lo llamé por su diminutivo ni su apodo; siempre Manolo o Manuel. Sin embargo, creo que esta dedicatoria lleva en sí, para los que lo conocieron, la seña inconfundible de su destinatario. Nos encontramos casualmente unos días después de mi excursión a Almodóvar, para hacer estas fotos del castillo, y él me dijo que le gustaría verlas, por lo que quedé en enviarle el enlace de este artículo cuando lo editase. Pero soy lento, y en este caso media más de un año entre aquel encuentro postrero y la publicación de esta dedicatoria póstuma. Demasiado tiempo esta vez. Ahora no nos separan las horas que marcan los relojes ni los días que cuentan los calendarios; y la distancia más disparatada que podamos imaginar es nada comparada con la que ahora nos aleja al uno del otro. Porque con mi lentitud he dado lugar a que entre nostros se haya interpuesto la separación inabordable de la eternidad y el infinito. Y, así, cuando ya no puedo, no hay nadie en el mundo con quien más me hubiese gustado compartir estas fotos que con él.

El castillo
El castillo de la Floresta corona, majestuoso, el cerro del que toma su nombre, a cuyas faldas, por una vertiente, corre sinuoso el río Guadalquivir, mientras que por la otra destaca la blanca estampa de Almodóvar del Río, que da su segundo y más popular nombre al castillo. Se construyó en los primeros años del emirato de Córdoba, en el siglo VIII, aunque parece ser que no quedan vestigios de aquella obra primitiva. Conforme con los cambios históricos que se sucedieron a lo largo de los siglos, el castillo perteneció sucesivamente al Califato de Córdoba, a las taifas de Carmona y de Sevilla y a los almohades. El periodo musulmán de la fortaleza finalizó en 1.226, cuando fue conquistada por Fernando III, el Santo. Reyes castellanos como Pedro I de Castilla o Enrique II de Trastámara, entre otros, lo habitaron y ordenaron diversas ampliaciones de la fortificación, a la que la dotaron de nuevos elementos arquitectónicos, que realzaron notablemente el conjunto de su fisonomía. La mayoría de las torres que posee, incluida la del Homenaje corresponden a dichas ampliaciones.
Pero si a alguien debemos la suerte de poder contemplar hoy en día esa estampa del castillo de Almodóvar presidiendo su atalaya, es a D. Rafael Desmaissières y Farina, XII conde de Torralva. El supo ver el valor de las ruinas que quedaban del castillo cuando lo visitó por primera vez y, después de una vida dedicada a disfrutar de su patrimonio económico viajando por todo el mundo, proyectó su onerosa reconstrucción. El arquitecto D. Adolfo Fernández Casanova, amigo del conde, se encargó de la dirección técnica de aquel proyecto tan ambicioso. Las obras dieron comienzo en 1.901 y duraron hasta 1.936, cuando estalló la guerra civil española. El arquitecto y el conde murieron en 1.914 y 1.932, respectivamente; es decir, ninguno de los dos pudieron ver acabada la reconstrucción del castillo. Como dato curioso, pero interesante para comprender el alcance la obra, los casi 240.000 jornales que se abonaron en la reconstrucción del castillo, dotó a Almodóvar del Río de un largo periodo de estabilidad económica, justo en una época en la que a nivel general se sufría una grave crisis económica, debido a la Primera Guerra Mundial y la reinante inestabilidad política.
Debo decir que visité el castillo casi sin pensármelo, de un día para otro, como quien dice, y no preparé debidamente la visita. Así, fue una visita errática, que he intentado disimular reorganizando las fotos para agruparlas por contenidos y ordenarlas secuencialmente, conforme a los espacios que se van sucediendo para quien realice la visita de manera ordenada. En todo caso, espero volver al castillo y actualizar este reportaje.

Míralo, míralo, míralo, míralo. Ahí está. Su estampa ha estado ahí siempre. Imponente, hermosa, magnífica, sugestiva, evocadora. Una imagen siempre admirada, pero han debido pasar seis décadas y un poquito más para que haya ido a visitar el castillo por primera vez.
Puerta de acceso a la visita, junto a la Torre Pequeña.

En primer lugar, me dirigí a la zona noreste del castillo, por cuyo adarve y foso interior di un paseo que me transportó a una época y una situaciones que sólo puedo imaginar. Y en mi imaginación, sobrecogido, allí me vi entre lanceros, monarcas de otras tierras y milicias fragorosas que, apresuradas, corrían de un lado para otro, afanadas en repeler el ataque de un nuevo fanfarrón que venía a reinventar la guerra.


Desde aquella primera zona tomé esta foto de las torres de la Escuela, a la izquierda, de las Campanas o de la Miga, a la derecha, y de la pequeña torre de la Escucha, en medio.
Y desde sus almenas tomé esta primera vista del pueblo.
Las siguientes tomas son de mi paseo por el interior del castillo, en busca de nuevas dependencias.
Y en ese paseo volvía a encontrarme con la torre Pequeña, ahora desde el interior del castillo.


Camino de una nueva estancia, tomé esta foto de las tres torres ya nombradas y el patio de la Liza.
Esta debe ser la torre de la Escuela, aunque será precisa una nueva visita a la fortaleza carbulense para confirmarlo o reubicar estas fotos.

Bajé al patio de la Liza e hice esta foto de la torre Redonda, a la derecha, de la Escuela, en el centro, y, al fondo, de las Campanas.
Un nuevo encuadre desde el patio de la Liza, con la torre Redonda, a la izquierda, y la torre Cuadrada, a la derecha.

El patio de Liza es conocido hoy en día como plaza de la Capilla, por la que conde de Torralva mandó construir al amparo de su restauración del monumento. Es de planta octogonal y está presidida por la virgen del Rosario, patrona de Almodóvar.
Abandonamos ahora el patio de la Liza para andurrear por la zona occidental del Castillo.





Aquí se puede contemplar, desde un lateral, el palacio neogótico que mandara construir en conde de Torralva para habitarlo, y la torre del Homenaje al fondo.

Luego desanduve lo andado para seguir la visita por el costado opuesto del castillo, haciendo más fotos para entretenerme.
Blanco y negro de la torre Redonda.
La parte oriental del castillo la preside la torre Cuadrada, a la que corresponden las siguientes imágenes.




Y ahora unas fotos desde lo alto de la torre Cuadrada.



Seguimos el paseo.

Desde esta azotea saqué una nueva instantánea de las torres; a saber, de izquierda a derecha: la de las Campanas, la de la Escucha, la de la Escuela y la Redonda.
Y luego volví la mirada para encuadrar con la cámara la plaza de Armas y torre del Homenaje, lugares a los que me iría acercando lentamente.




Este pasillo lo recorre Jaime Lannister en Juego de Tronos, en el asalto de Altojardín.

Salón medieval, preparado para eventos organizados. 
Vista de la torre del Homenaje, desde la plaza de Armas del castillo. En la plaza de Armas hay montada una gran carpa para eventos que impide tanto tomar una buen foto de la plaza en sí como de la fachada principal del palacio neogótico, ubicado allí.
La torre del Homenaje es una torre albarrana, unida al castillo por un pasadizo, que en otros tiempos debió ser levadizo. Para su defensa, la torre dispone de matacanes, tanto en la parte superior como a media altura.

En el interior de la torre del Homenaje se encuentra montado este salón de recepciones.


Por estas escaleras se baja al subterráneo de la torre del Homenaje donde se encuentra la mazmorra del castillo.



Y por esta otra escalera se sube a la torre, desde donde puede obtenerse una vista panorámica del castillo y alrededores desde el punto más elevado del monumento.



Y una última panorámica del pueblo para poner punto y final a la visita al castillo de Almodóvar del Río. 
Levanto la mirada y me encuentro con él, que desde su encumbrado emplazamiento vigila, majestuoso e impasible, el paso del tiempo. El tiempo que nos fue dado y el que el destino nos arrebató. Sí.

Y aquí tenéis el enlace a Google Drive donde disponéis de todas las fotos, de las que componen este reportaje y alguna más. Si queréis descargaros alguna foto, compartirla, etc., mejor que lo hagáis desde Google Drive que desde el blog. Para aliviar el peso de los archivos las fotos tienen reducida considerablemente la resolución; así pueden apreciarse correctamente en móviles y dispositivos móviles actuales; pero si queréis alguna copia para imprimirla, ampliarla o alguna finalidad específica que precise una resolución mayor, no dudéis en decírmelo, que os la preparo pronto y encantado.

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