martes, 31 de agosto de 2021

Con los años uno tiene que cambiar incluso su manera de hablar para que se entienda cuál es realmente su situación. Cuando, tras regresar de Carboneras el 31 de agosto, la gente me preguntaba que si ya se me habían acabado las vacaciones, yo tenía que aclarar que no, que sólo se me había acabado el veraneo, que mis vacaciones las empecé el 30 de abril y que de vacaciones seguí, sigo y seguiré hasta el día del juicio final por la noche. O dicho de otra manera, que desde el 30 de abril me encontraba ya disfrutando de las vacaciones interminables del jubilado (o prejubilado, por mejor decir).
Volvimos este año a Carboneras de vacaciones (je, je); era nuestra cuarta estancia allí, aunque esta vez sólo íbamos Marián y yo. En esta ocasión días de vaciones y veraneo se solaparon y nuestro viaje a Almería coincidió con el de Sara y Marcos a las Canarias, para pasar unos días con los padres de él.
Este es el reportaje de mis últimas vacaciones, completado con algo de las vacaciones de Sara y Marcos, al final. Como apunte curioso, decir que en esta ocasión, todas las fotos están hechas con móviles, ya que mi Canon me la dejé en casa por primera vez. Y a fe que alguna vez la pude echar de menos, que ante algún encuadre nuevo me hubiese gustado contar con algún recurso más de los que ofrece mi Samsung S20. Bueno, mejor o peor, esta es la memoria imborrable del veraneo del 21.

Chipiona
3 al 8 de agosto de 2.021
Antes de ir a Carboneras, a primeros de agosto estuvimos en Chipiona. Chipiona tiene, sin lugar a dudas, muchos encantos, entre los que desde el principio de los tiempos destaca el de sus atardeceres. Estas son las dos únicas fotillos que hice de aquella estancia.

Carboneras
16 al 31 de agosto de 2.021
El 16 de agosto regresábamos a los apartamentos Delamar, donde nos alojamos por tercera vez.
Con la edad, el placer de la comida ha ido tomando importancia en nuestras vacaciones. Serán, precisamente, fotos de algunas de nuestras comidas las que sirvan para separar los diferentes bloques o episodios de este reportaje. La primera foto es de el restaurante Sagoni, donde se come de maravilla y nos tratan mejor, empezando por el dueño, nuestro ya amigo Marcos.
La playa del Ancón es nuestra playa de cabecera en Carboneras, la que nos pilla a mano desde el apartamento. A esta playa va dedicada la primera serie de fotos.
No pocas fotos de este reportaje las hizo Marián, como ésta. Pero para saber de quién es cada una hay que verlas en el enlace de Google Drive que, como siempre, doy al final del artículo. Son las que tienen una "M" al final del nombre de la foto.
Este rape en salsa le salió a Marián más bueno que parece (que diría la Romy). Doy fe.
Las caminatas matinales por el paseo marítimo de Carboneras iban a ser una actividad común de nuestras mañanas vacacionales. Tres fotos para dejar constancia.
De nuevo en el Sagoni. Este día nos regalamos con un riquísimo arroz negro (entre otras cosas, claro).
La subida a la torre del Rayo iba a ser otra actividad que repetí en varias ocasiones, una de ellas acompañado por Marián. Una ruta de unos 6 Km., cuya dureza no es excesiva salvo por el calor y la humedad excesiva del lugar y la época.
El primer día no llegué hasta la misma torre, pues iba con la intención de explorar la senda que hay por el lado meridional de la colina, como alternativa para regresar por un camino diferente al de ida. Así que me conformé con decir "tula" desde la última bifurcación y seguí mi camino.
El camino de regreso ofrecía unas vistas muy buenas del pueblo y el Mediterráneo, con su isla de San Andrés. Pero el sendero tenía su miga y no volví a utilizarlo. De todas maneras, aquellas salidas hacia la torre del Rayo me llevarían a descubrir otra ruta que me acabaría entusiasmando y por la que acabé optando cuando salí a corriandar.
Entrada a Carboneras, de regreso de la caminata. Esta foto es de la primera vez que hice la ruta, que la hice solo.
En la segunda ocasión me acompañó Marián y estas son algunas de las fotos que hicimos.
Sudados y contentos.
Sagoni, Sagoni, Sagoni. El gallo pedro y la gallineta son dos pescados que en Carboneras tienen un sabor especial. Y aunque los canones de la zona dicen que esos pescados hay que hacerlos fritos, Marcos, cocinero antes que fraile y pescador antes que cocinero, los ofrece preparados al horno. Dos noches cenamos allí, una para probar el gallo pedro y otra para probar la gallineta. Que placer.
La nueva ruta que acabaría conociendo pasa por la polémicamente famosa playa del Algarrobico. A pesar de la impertérrita fealdad de la mole sin construir ni derribar que preside la playa; y a pesar de su abandono general, la playa tiene unas aguas turquesas espectaculares y unas olas magníficas.
Pasada la playa de punta a punta, un sendero de varios kilómetros continua bordeando la costa. Un camino especialmente tranquilo, solitario que hace deliciosa la caminata o la carrera por allí.
También Marián me acompañó un día hacer aquella ruta. Y creo que le gustó tanto como a mí.
Fin de bloque fotográfico que separamos del siguiente con tres fotos de otro restaurante en el que siempre repetimos: Ajo y Guindilla. El lugar, un patio con cañizo, y la calidad de su carta, especialmente las carnes, hacen de este restaurante un sitio ideal para la cena.
Después de pasar por la playa del Algarrobico en nuestras salidas mañaneras, un día decidimos ir a pasar allí la mañana de playa. Tres fotillos de aquella deliciosa mañana.
Y división de bloques fotográficos con imágenes de otra noche en Ajo y Guindilla. Aunque esta vez no fuimos muy rápidos "desenfundando" la cámara.
Cosa muy común de las mujeres hoy en día: en vez de mirarse al espejo se hacen autorretratos.
El día 24 íbamos a visitar Mojácar de noche, algo de lo que Marián tenía muchas ganas. Hicimos dos paradas para contemplar dos atractivos turísticos que te encuentras en el camino. La primera en el mirador de la Granatilla, un mirador más de entre todos los que ofrece el perfil costero del cabo de Gata y, que al igual que los demás, ofrece unas vistas maravillosas.
La otra parada la haríamos en la torre del Pirulico, un tipo de fortificación antigua también bastante común por aquellos lares.
A media tarde llegábamos a Mojácar y tras conseguir una de las últimas plazas libres que quedaban en todo el pueblo, iniciábamos nuestra visita que nos llevaría hasta después de la cena.
Mojácar forma parte desde 2013 de la red de los pueblos más bonitos de España, con todo merecimiento. Aunque el Mediterráneo se alcanza desde allí en tan sólo unos minutos, se encuentra a 152 m. sobre el nivel del mar, el cual puedes contemplar desde alguno de sus miradores.
LA CASA DE LA CANANA- Curiosa casa museo, tanto por su contenido etnográfico como por la titularidad del edificio. La casa representa, como muebles, enseres y artilugios auténticos y en servicio, una vivienda mojaquera de principios del siglo XX. Los propietarios son un matrimonio ruso, que sin una especial vinculación con el pueblo ni con conocimientos específicos, acudieron a diferentes expertos para montar esta casa museo, a la que dieron el nombre de una célebre mojaquera que se dedicaba a la venta de tabaco y artículos de primera necesidad. Una visita más que recomendada.
Luego subimos a este mirador, donde nos hicios este autorretrato y dimos un paseo por el pueblo, deleitándonos con el encanto de sus calles.
El ficus de mojácar es una variedad traída de América hace más de un siglo y preside la plaza del ayuntamiento, donde se encuentra también casa Minguito, el restaurante donde cenamos.
Y como la foto anterior habla de comida, quiere decir que cambiamos de capítulo. Quizás la actividad más novedosa y atractiva que íbamos a llevar a cabo aquellas vacaciones era la visita a la Geoda de Pulpí, visita que cursamos el 26 de agosto. Yo hice algunas fotos en el exterior; las del interior fueron realizadas por la guía que nos acompañó en la visita.
La geoda fue descubierta en 1999 y se encuentra en la Mina Rica, bajo la sierra del Aguilón, en la pedanía pulpileña de Pilar de Jaravia, nombre que tmabién se le adjudica.
Aunque el cénit de la visita radica en la contemplación en sí de la geoda, la visita a la mina, de la que nuestra guía nos fue dando detalles pormenorizados sobre las particularidades de su explotación, merece la pena por sí misma.
La geoda es una espectacular mole de cristales de selenita, una variedad translúcida de yeso. Son sobrecogedores los segundos que, por motivos de conservación, puedes asomarte a contemplarla.
La mañana la íbamos a completar visitando Garrucha, donde nos daríamos un buenhomenaje gastronómico.
Este arroz caldoso de marisco fue el plato principal de nuestra comida en El Rincón del Puerto, un lugar que recomendamos a todo el que vaya a visitar la zona. De lo que nosotros pedios para comer, podemos dar fe de que estaba riquísimo; pero, además, los ojos se nos iban detrás de todos los platos que iban saliendo de la cocina hacia cualquiera de las mesas del repleto restaurante. Con esta foto ponemos fin a nuestro reportaje de nuestro veraneo en Carboneras.

Las Canarias
También agosto de 2.021
Como ya ha quedado dicho más arriba, Sara y Marcos estuvieron en las Canarias, con los padres de él, y también supieron aprovechar su tiempo vacacional, como puede verse en estas fotos.
Pero del veraneo de 2021 hay bastantes fotos más, que podéis ver en este enlace:

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