sábado, 4 de diciembre de 2021

En este algo más de medio año, desde que recuperamos nuestra relación, os he sorprendido poniendo en vuestras manos historias de nuestra adolescencia que nos ha gustado y sorprendido volver a recordar una vez más o, incluso, recuperar del olvido más absoluto. También os ha maravillado leer cartas de vuestro puño y letra que fueron escritas hace ya más de cuatro décadas y que habían caído, no en el olvido sino en un estado mucho más profundo y sorprendente: la inconsciencia. Se puede recuperar el recuerdo de muchas vivencias olvidadas, pero hay momentos de nuestra vida que ni la prueba más incontestable de que sucedieron, que fuese puesta de pronto en nuestras manos, nos pueden devolver el recuerdo de aquella vivencia: no podemos cuestionar que sucedió pero no podemos sentir la convulsión que un recuerdo muy antiguo nos produce en el corazón cuando el azar nos lo devuelve a la memoria y lo revivimos.
Y, sin embargo, me ha costado horrores recordar lo que hicimos el último mes de diciembre y montar este reportaje de nuestro viaje a tierra alicantinas. Cuando por la tarde, después de cada jornada, volvíamos al apartamento, me visteis descargando y compartiendo las fotos del día y ordenando y guardando entradas, folletos, recibos, facturas, etc. Siempre lo hago así y en estos documentos me apoyo tiempo después para reconstruir lo que hice en mis viajes y montar mis reportajes de este blog. Pues bien, todos aquellos papelitos los he perdido o extraviado y he tenido que tirar de la memoria (de la mía y de la de Marián) y de las fotos para rehacer lo que hicimos durante nuestra estancia en los apartamentos Las Lanzas, en El Campello (Alicante).
De lo que sí queda constancia de manera tan meridiana que nada debemos temer al olvido, es de lo bien que nos lo pasamos.

El Campello (Alicante)
4 de diciembre de 2021
La primera foto es delante de los apartamentos en los que nos hospedamos aquellos cuatro días; el primero de los cuales lo dedicamos a conocer el lugar donde se encuentran, El Campello.
La mañana la íbamos a dedicar a pasear por su larguísimo paseo marítimo, caminando en la dirección que, a unos 5 Km., se encontraba el restaurante La Cova, donde teníamos reservada mesa para comer. "Cuando nos cansemos de andar, cogemos el tren", pensamos.
Así que a eso de las 10 o las  11 de la mañana o por ahí, nos pusimos en caminar tranquilamente.
Al final, decidimos continuar nuestro paseo hasta el restaurante. Teníamos tiempo de sobra para llegar disfrutando de la apacible mañana que hacía.
No teníamos prisa, así que de vez en cuando nos parábamos a descansar y reírnos porque sí.
Como si del escalón de la Lina Morgan se tratara, aquel malecón también lo teníamos que pisar.
Con unas vistas magníficas del puerto náutico y las playas de El Campello, La Cova es un sitio ideal para darse un homenaje gastronómico. Además de las cosas que pedimos para el centro, Mari Jose y Marián compartieron una fideuá y Jose y yo una paella de marisco. Todo riquísimo. Un buen lugar, que no dudamos en recomendar a quienes viajen a aquella zona.
Estas dos fotos nos las hicimos en la terraza del restaurante, cuando ya nos íbamos. A la vuelta dimos un paseo por el pueblo, hicimos unas compras y tomamos el tren para volver a casa.

Pero del primer día hay unas cuantas fotos más, que podéis ver en este enlace, desde donde la descarga, compartir, etc. se hará en mayor resolución que desde este artículo:


Alicante
5 de diciembre de 2021
El segundo día lo echaríamos en Alicante. Para ello tomamos el tren, que nos llevó directo al centro de aquella ciudad valenciana.
Nuestra primera parada la haríamos en la Concatedral de San Nicolás de Bari, templo de estilo renacentista herreriano, construido sobre la planta de una antigua mezquita. Aunque conserva partes más antiguas, como el claustro, su edificación tal como la conocemos se realizó en el siglo XVII. Lo de concatedral le viene porque comparte sede de la diócesis con la catedral del Salvardor, en Orihuela.
Las siguientes fotos nos las haríamos en la plaza del ayuntamiento, ante la fachada de la casa consistorial de Alicante.
Bajo unos soportales que rodean la plaza del ayuntamiento se monta un mercado de antigüedades y cosas así, donde Jose me compró una hermosa reproducción del taoísta yin y yang, que ahora preside mi librería.
Sin palabras.
Esta es la basílica de Santa María, la iglesia más antigua de Alicante. De estilo gótico valenciano, fue contstruida entre los siglos XIV y XVI. El elenlace de Google Drive encontraréis alguna foto del interior.
Ya habíamos renunciado, a nuestra llegada a Alicante, a la visita al castillo de Santa Bárbara, tanto por el esfuerzo que suponía subir hasta allí como por el tiempo que necesitaríamos. También nos lo pensamos con el barrio de Santa Cruz, aunque al final decidimos subir a "a media altura" para recorrer algunas de sus calles. Quizás nos perdimos las calles y casas más vistosas y llamativas, pero fue un paseo agradable, que acabó por abrirnos el apetito del todo.
A Alicante fuimos con la idea de "comer al paso" y seguir nuestro camino. Hacía una buena mañana aquel domingo y la gente se había echado a la calle, llenando bares y restaurantes. Pero de pronto el tiempo cambió y empezó a soplar un ventarrrón que sólo las dos chavalas que salen en la foto aguantaron en la terraza. Comimos en Infraganti, en una especie de barra y sentados en unos taburetes altos, donde nos colocó una servicial camarero, a pesar de que no teníamos reserva.
La tarde la dedicaríamos a tomar café, pasear, merendar y poco más. Así que nos dirigimos al mejor lugar que Alicante tiene para hacer esas tres cosas, lugar que anunciaba la inminencia de la Navidad que este gigantesco misterio.
Allí por la zona del puerto tomamos un café. El viento había amainado y sólo cuando alguna nube dispersa tapaba momentánemanete el sol se levantaba una brisa incómoda pero breve .
Tras el café dimos un prolongado paseo, que empezamos recorriendo la zona del puerto náutico.
Paseo que, como no podía ser de otra manera, incluía la explanda de España, famosa en toda la ídem por su mosáico tricolor, compuesto por más de seis millones de teselas, que sugieren las ondas del mar. Tranquilamente, y creo recordar que haciendo una parada más para merendar, recorrimos tan emblemático paseo, hasta que nos desviamos en busca de la estación de tren que nos llevase de vuelta a nuestro apartamento.

Pero del segundo día hay unas cuantas fotos más, que podéis ver en este enlace, desde donde la descarga, compartir, etc. se hará en mayor resolución que desde este artículo:


Elche, santuario Santa María Magdalena
6 de diciembre de 2021
De las varias opciones que manejamos para ocupar nuestro tercer día, nos quedamos con la visita a Elche y al santuario de Santa Maria Mgadalena, en Novelda. Esta foto es de nuestra llegada a El Palmeral de Elche.
El Palmeral de Elche es el mayor de Europa y sólo es superado a nivel mundial por algunos árabes. Es, pues, un parque inmenso que en la actualidad cuenta con más de 200.000 palmeras; o, dicho de otra manera, los habitantes de Eleche caben a más de una palmera per cápita. 
Las fotos de las niñas no iban a faltar.
Cuando salimos de El Palmeral, iniciamos nuestra ruta turística por Elche, para recorrer algunas de sus calles principales y monumentos. De estos últimos, destaca la Basílica Menor de Santa María, obra barroca construida entre 1672 y 1784.
En la plaza de Santa María, a un costado de la basílica, se encuentran sendas esculturas de tres apóstoles, que simbolizan el Ternari, una de las escenas que componen el drama sacro de El Misterio de Elche.
En la plaza de la Glorieta se encuentra esta reproducción de la Dama de Elche, escultura de origen íbero, datada entre los siglos V y IV a. C. La escultura original forma parte actualmente de los fondos del Museo Arqueológico Nacional de España.
HUERTO DEL CURA.- Nuestro paseo por el centro urbano de Elche nos llevaría desde el Palmeral de Elche a El Huerto del Cura, otro palmeral, éste de propiedad privada, de gran riqueza botánica con las palmeras como principales protagonistas. Entre todas, destaca ésta, la Palmera Imperial, llamada así porque fue dedicada a Sissi, con motivo de la visita que la emperatriz de Austria realizó a este jardín en 1894. La palmera tiene más de 180 años y supone una singularidad biológica que queda explicada en el enlace sobre ella en este pie de foto.
Muchas palmeras, otros motivos botánicos ornamentales, estanques, algunas aves y esculturas, todo cuidado con esmero, hacen obligada la visita al lugar para quienes vayan a Elche. Os dejos unas fotos de nuestro paseo por allí.
Cuando salimos de El Huerto del Cura ya era la hora de comer, teníamos hambre o algo así. En Elche, como en Alicante, tampoco habíamos previsto donde hacerlo (quitarnos el hambre, al menos) y, dejándonos llevar por nuestro olfato, regresamos a la plaza de la Glorieta, donde había varios restaurantes y otros establecimientos de comida, todos ambientadísimos. 
Encontramos mesa en el restaurante Lungo Mare, gracias al interés que la dueña o regenta del lugar puso en conseguirnos una, pese a que, en principio, lo tenía todo reservado. Comimos bien, a un precio módico, y fuimos muy bien atendidos. ¿Qué más podíamos pedir para acabar nuestra visita a Elche? Después cogeríamos el coche y nos dirigiríamos hacia Novelda, a nuestro siguiente destino de aquel día.
En la cima de una colina, como casi en mitad de la nada, se encuentra el santuario de Santa María Magdalena, edificio religioso encuadrado en el modernismo valenciano, con visos gaudianos. Construido entre 1918 y 1946, está dedicado a la Magdalena, patrona de Novelda, municipio al que pertenece el templo. Se trata de una visita que sorprende al viajero.
El altar mayor está dedicado obviamente a Santa María Magdalena. Aunque no lo recoge ninguna foto de las que hice, el templo cuenta con un artístico órgano construido completamente en mármol.
Un par de fotos desde el exterior del santurio para poner fin al reportaje de nuestro tercer día en tierras alicantinas.

Pero del tercer día hay unas cuantas fotos más, que podéis ver en este enlace, desde donde la descarga, compartir, etc. se hará en mayor resolución que desde este artículo:


Altea y Denia
7 de diciembre de 2021
El último día nos iríamos al norte de la provincia de Alicante para visitar Altea y Denia, donde comimos. Altea es un pueblo precioso, bien conservado, de empinadas y empedradas calles, de blancas casas y de magníficos miradores. Estuvimos en algunos de ellos y recorrimos muchas de sus calles, acompañados del buen tiempo. Ahora me resulta imposible reconstruir el itinerario que realizamos y, en especial, ubicar a qué mirador corresponden las fotos que aparecen en el reportaje; así que, dejando a un lado el orden cronológico, pongo en primer lugar las fotos del pueblo y al final las que hicimos en los miradores.

Esta es la plaza de la Iglesia, donde se encuentra el templo dedicado a Nuestra Señora del Consuelo, caracterizado por sus cúpulas de cerámica azul (buscarlas en fotos anteriores).
Marián y sus San Judas Tadeo.
Y ahora los miradores...

...Y las miradoras.

Fin de la visita a Altea. Nos vamos a Denia a comer.
Cominos en Ca Pepa Teresa y comimos muy bien. Fue la segunda vez que, entre otras cosas, comimos arroz, en este caso a banda. todo rico, rico.
Después de comer, dimos un paseo por la parte baja de la localidad, por la zona del puerto, hicimos unas compras y a la caída de la tarde tomamos el coche para volver a El Campello, al apartamento. Sería nuestra última noche allí. Al día siguiente, volvíamos a casa.
Pero del cuarto día hay unas cuantas fotos más, que podéis ver en este enlace, desde donde la descarga, compartir, etc. se hará en mayor resolución que desde este artículo:

0 comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR TU COMENTARIO.