martes, 16 de mayo de 2023


Habiendo sido una niña buena durante 2022, los Reyes Magos le trajeron a Marián un viaje al monasterio de Piedra, lugar al que, según me repetía de vez en cuando, ella tenía ganas de ir. Y, puesto que el viaje era para dos personas, tuve la suerte de que Marián me eligiese a mí como acompañante. Así, agradecidos, ella a SS. MM., y yo a ella, el 16 de mayo de 2023 cogíamos el Astra y poníamos rumbo a Nuévalos, en Zaragoza, donde nos hospedaríamos hasta el 19. Ese día, alargando en un día nuestro viaje, nos dirigimos a Albarracín, lugar que también teníamos ganas de conocer. Durante nuestra estancia en el monasterio de Piedra hicimos sendas escapadas a Calatayud y Daroca, lugares cuya visita también está llena de interés.

El monasterio
El monasterio de Santa María de Piedra fue fundado en 1195 por trece monjes del Císter procedentes del monasterio de Poblet. Los religiosos cistercienses, que un siglo antes se habían segregado de la orden de San Benito por la relajación en el cumplimiento de los valores monásticos dictados por su fundador, encontraron en este enclave, donado por Alfonso II de Aragón, el Casto, un lugar apropiado para recuperar la observancia estricta de sus reglas, presidida por la conocida  Ora et labora. Estos monjes benedictinos ocuparon el lugar durante seiscientos años. En este periodo, el monasterio fue creciendo, al igual que la orden en Europa, en importancia y número de frailes. Fruto de ese crecimiento, el cenobio fue objeto de varias ampliaciones que dieron como resultado la combinación de los diferentes estilos arquitectónicos que se sucedieron a lo largo de tan extenso lapso: gótico, renacentista y barroco, principalmente. En el siglo XIX, el monasterio fue objeto de tres desamortizaciones: en 1808 (invasión napoleónica), en 1820 (trienio liberal) y en 1835 (desamortización de Mendizábal). Aunque los daños causados por las dos primeras fueron considerables, los monjes volvieron a recuperar la propiedad y el uso del monasterio. La tercera desamortización, la de Mendizábal, durante la regencia de María Cristina, madre de la que reinase como Isabel II, fue definitiva. Tras la desamortización, el lugar sufrió un largo periodo de abandono y deterioro, hasta que en 1843 es adquirido por Pablo Muntadas Campeny. Desde el año siguiente, su hijo Juan Federico, se consolidó como propietario del conjunto de Piedra e inició una gran labor de recuperación, tanto de la zona conventual como del paraje natural del rio. Básicamente, reconvirtió el monasterio de Piedra en un lugar de descanso y recreo, para lo que transformó las dependencias de los monjes en un hotel y acondicionó el acceso al parque, construyendo caminos que recorriesen el curso del rio Piedra y miradores para contemplar su diversas cascadas. A la familia Muntadas le debemos, pues, que hoy en día podamos seguir disfrutando de tan espléndido conjunto artísitico-natural.

Escalera renacentista de doble tijera, donde se encuentra la recepción del hotel. Fue construida en el siglo XVI, como parte de la ampliación a la que fue sometido el monasterio en aquellos años.
Galería de habitaciones de la primera planta (la nuestra era la primera de la derecha). Las habitaciones se construyeron en las antiguas celdas de los frailes. En realidad nos encontramos en el claustro alto del monasterio, modificado en el siglo XVIII para cerrar los ventanales.
Vista que nos ofrecía la terraza de nuestra habitación.
Esta es la huerta, otrora,  conventual, adonde dan las terrazas de las habitaciones del hotel.
Durante nuestra estancia en el monasterio de Piedra, visitamos dos veces el parque y una la zona conventual, además de nuestras salidas a Calatayud y Daroca. Dejando a un lado la cronología del viaje, unifico las actividades realizadas, empezando por la visita a las dependencias monacales.
Dado que la visita la iniciamos desde dentro, empezamos viendo el claustro viejo. Como todas las dependencias del monasterio, se construyó conforme a las normas establecidas para todos los conventos de la orden. Siguiendo este dictado cisterciense, el centro del claustro está presidido por una fuente, que simboliza la resurrección.
Mira por donde, la preparación de este artículo me ha servido para aprender que esto es una panda, que así es como se llaman cada una de las galerías de un claustro.
En torno al claustro se encontraban las principales dependencias donde se desarrollaba la vida cotidiana monacal, tales como la sala capitular, el calefactorio, el refectorio o la cocina. Si no recuerdo mal, esta foto está hecha desde el interior del refectorio.
Marián resucitada.
Sala capitular. Se trata de una de las salas principales y más esmeradas del convento. En ella tenía lugar la reunión capitular diaria, presidida por el abad, en la que se trataban los asuntos de la vida cotidiana del monasterio, del gobierno de la comunidad y donde cada fraile explicaba públicamente sus faltas y se imponían las penitencias.  
Este es el callejón de los conversos. Los hermanos legos no podían mezclarse con los frailes y tenían su propio comedor, dormitorio y coro dentro del templo, al que accedían a através de este pasillo.
Refectorio o comedor de los monjes. Al fondo puede apreciarse, aunque no con detalle, una copia del tríptico relicario de la Santa Duda. La Santa Duda es una hostia que en 1390 se transustanció, para disipar las dudas de un sacerdote de Cimballa, a 15 km de Piedra. La sagrada  forma fue donada por el que más tarde fuera el rey Martín, el Humano, al monasterio, cuyo prior mandó al construcción de este tríptico para albergarla.
Entre las diversas actividades que los monjes realizaban para cumplir la máxima benedictina del labora, se encontraba la destilación de licores de hierbas y aguardiente. Es de significar que al monasterio de Piedra le cabe el honor de ser el primer lugar de España donde se hizo chocolate a la taza. En la época de Hernán Cortés viajó a las Indias fray Gerónimo de Aguilar, quién envió al abad el primer cacao que entró en la península, junto a la receta para cocinarlo.
Iglesia gótica. Se construyó entre 1262 y 1350, si bien durante los siglos posteriores se llevaron a cabo diversas reformas, destacando las practicadas en el siglo XVIII, que ocultaron gran parte del edificio medieval con motivos barrocos. Los daños causados por los franceses durante la guerra de la independencia, cuando el monasterio fue desalojado, entre los que cabe destacar el hundimiento de la bóveda central, acrecentados por los años de abandono que sufrió el monumento con las otras dos desamortizaciones apuntadas en la introducción de este artículo, dejó el templo en el lamentable estado que presenta hoy en día. En esta foto podemos ver la capilla barroca destinada a albergar las reliquias de los santos Inocencio y Bernardo.
Continuamos nuestra visita al monasterio en busca del claustro nuevo y la antigua hospedería. El inicio del paseo nos brindó esta estampa exterior de la iglesia.
Este espacio se corresponde con lo que fue el claustro nuevo, fruto de una ampliación llevada a cabo gracias a donaciones de personajes ilustres. Actualmente el espacio es llamado plaza de San Martín. Aunque normalmente se entra al edificio por un lateral, que es donde se encuentran los aparcamientos y la entrada al parque, la puerta que se ve al fondo es la entrada principal del hotel.
Piedra tuvo una hospedería muy activa desde el siglo XIII. Es la llamada Antigua Hospedería, en la foto. Además de la portería y las habitaciones para los huéspedes, el edificio disponía de una capilla de culto público, dedicada a Santa María la Blanca, una enfermería de monjes y otra de pobres, una botica y un jardín donde se cultivaban plantas medicinales. El edificio es del siglo XVI, cuando fue reformado el original.
Nuestro paseo lo acabamos ante la impropiamente llamada torre del homenaje. Aunque, por su aspecto, bien pudiera parecer la torre de un castillo, en realidad no es más que la puerta original de entrada  al monasterio. El recinto del monasterio se encuentra acotado por una muralla, levantada en cumplimiento de las normas del Císter, que obligaban a demarcar en sus conventos la extensión de la clausura o terreno consagrado a Dios. Así queda explicado que el encontrar elementos aparentemente propios de una fortaleza, como los muros o esta torre almenada, obedecen en realidad a una razón mucho más elevada o trascendental. Amén de permitir el acceso al interior por su arco de medio punto,  la torre se utilizaba para colgar desde su balcón el pendón real o exhibir públicamente los relicarios.

El parque
El aspecto actual del parque se lo debemos a las intervenciones llevadas a cabo a mediados del siglo XIX, favorecidas por Juan Federico Muntadas. Infundido por el imperante romancismo de la época e inspirado en el paisajismo inglés, el heredero de Piedra buscó la creación de espacios ajardinados, aparentemente naturales, mimetizados en el entorno de tal manera que la mano del hombre pasase casi desapercibida en muchos casos. Así, las por sí solas espectaculares cascadas y los rápidos de agua eran encauzados para su contemplación y disfrute, a la vez que se acondicionaba la frondosa vegetación y la accidentada geografía del lugar con una amplia red de senderos, puentes, y galerías que recorriesen todo el parque; se emplazaban miradores en lugares estratégicos para contemplar las caídas de agua más atractivas; o se dotaba al curso del río de los lagos practicados en la parte baja del parque, donde se inlcuyó la primera piscifactoria de España, que sigue en uso actualmente.

Aunque, como ya he dicho, paseamos el parque dos veces, para este artículo montaré un solo paseo, con una selección de las fotos que hice en ambas ocasiones.
Además del itinerio principal que te lleva a recorrer con detalle el parque, hay una ruta adicional que te lleva, ascendiendo por un lateral del recinto, a la parte más alta del parque, al mirador de la Puerta Negra.
Del mirador de la Puerta Negra es precisamente esta foto, lugar al que llegamos por el paseo de la Olmeda.
El recorrido del itinerario principal tiene una longitud de unos 6 km, que se recorre con cierta comodidad, sólo con algún desnivel de poca importancia para alcanzar algún lugar de especial interés.
Al fondo, la cascada Caprichosa, una de las más llamativas del parque, vista desde el Baño de Diana.
Diana era la diosa de la caza, y protectora de la naturaleza y de la luna. ¿Que pinta, pues, Marián en tan mitológico escenario? Con el tiempo, Diana acabó siendo también la diosa protectora de las brujas, o de las brujis, como prefiráis.
El cauce del río Piedra tras recoger las aguas de una de sus espectaculares cascadas.
Detalle de una cascada.
Al fonndo tenemos la cascada Trinidad, otra de las más buscadas por los visitantes.
Independientemente de sus caídas de agua, el recorrido del parque es por sí sólo una sugestiva ruta de senderismo.
Por encima de las cascadas que configuran el parque se encuentra esta zona, llamada de los Vadillos.
Si no estoy equivocado, esta foto y la siguiente están hechas en los Fresnos Altos.

Y esto es los Fresnos Bajos.
Cuando el parque se asentó como centro turístico, en el siglo XIX, muchos artistas, atraídos por la singularidad de sus paisajes, vieron en Piedra un lugar donde buscar la inspiración. Destaca Carlos de Haes, con quien cambió la pintura paisajistica en nuestro país. Pero, además de pintores, el monasterio de Piedra reunió a gentes de cualquier otra disciplina artística e intelectuales, pertenecientes al círculo madrileño de amistades de Juan Federico Muntadas.
La vegetación, como corresponde a la ribera de un río, es abundante y variada. Pese a ello, junto a los fresnos, los chopos y los almeces, propios de la zona, se encuentran otras especies introducidas a lo largo del tiempo, como los nogales, los sauces y los plátanos de sombra. En lo referente a la fauna, aves y especies acuáticas encuentra aquí su hábitat ideal. 
Esta es la cascada Iris. Algunos de los saltos de agua (no he podído averiguar cuáles) fueron generados artificialmente, mediante alguna modificación practicada en el curso del río.
El río Piedra visto desde uno de los pasos que se abrieron en el terreno montañoso.
La Cola de Caballo es la cascada más espectacular del parque. El agua cae desde una altura de 50 metros.
Detalle de la Cola de Caballo.
Justo bajo la Cola de Caballo se encuentra la gruta Iris. Merece la pena adentrarte en ella y dejarte embelesar por este rincón lleno de encanto, aún a costa de acabar empapado con la tupida lluvia de aguas del río, filtradas por la montaña.
Entre las muchas obras que se llevaron a cabo, algunas fueron de especial importancia, como los túneles que se practicaron en la montaña. Esta, creo recordar, es la que atraviesa la peña del Diablo.
Superados los desniveles del terreno más acusados, que arriba ramifican el curso del río y dan lugar a sus múltiples cascadas, las aguas vuelven a reunirse en un solo cauce, que ya discurre más tranquilo, en busca de las últimas intervenciones llevadas a cabo por la mano del hombre.
Una de esas intervenciones es Las Pesqueras, la primera piscifactoria que hubo en España, que actualemte se dedica a la cría de la trucha para la repoblación de otros ríos.
Y la otra intervención llevada a cabo por el hombre fue la construcción del lago del Espejo, imagen con la que pongo fin a nuestra visita al parque del Monasterio de Piedra.

Calatayud
Entre las alternativas que se nos presentaban para completar nuestra estancia en el monasterio de Piedra, la visita a Calatayud ocupaba el primer lugar. Se trata del cuarto municipio más poblado de la comunidad autónoma de Aragón, después de las capitales de provincia. Ciudad con una dilatada y notable historia, que podrás ir descubriendo y admirando recorriendo sus calles y visitando sus monumentos.

Como todos sabemos, a los naturales de Calatayud se les llama bilbilitanos, denominación que les viene del nombre que los romanos dieron a los primeros pobladores que se asentaron allí: Bilbilis. Bilbilis tuvo su época de prosperidad, llegando a recibir el rango de Municipium Augusta, siendo objeto de construcciones importantes en la época de Tiberio y llegando a acuñar moneda propia. Pero aquello pasó y Biblbilis cayó en la más absoluta decadencia, que se acentuó en la época visigoda, cuando la población quedó reducida a algún grupo aislados de habitantes que, eso sí, conservaron el gentilicio de bilbilitano ¿Cuándo se le cambia el nombre por el actual?
Este es el castillo de Ayyub o Qal´at Ayyub, nombre del tercer visir del emirato de Córdoba, quien inició la fortificación de la zona en el 712. Para muchos, aquí esta el origen del nombre actual de la ciudad Hay otra teoría que contaré más adelante.
Aquí os dejo algunas de las fotos que hice del castillo.
La necesidad de hacer frente a la rebeldía de los Banu Qasi, de Zaragoza, llevó en el 862 a Mohamed I, sucesor de Abderramán II en el emirato de Córdoba (852-886), a aumentar la capacidad defensiva que ofrecía la ciudad, levantando un conjunto fortificado de cinco castillos, entre los que estaba éste, unidos por una muralla de varios kilómetros.
Un siglo y pico después, cuando el califato de Córdoba se desintegró, Calatayud entró a forma parte de la taifa de Zaragoza.
El castillo de Ayyub se caracteriza por sus dos torres octogonales.
Calatayud vista desde el castillo.
Este es el santuario de Nuestra Señora de la Peña, en el extrarradio de Calatayud. Se construyó sobre la planta del castillo de la Peña, que era uno de los cinco castillos de que constaba el recinto fortificado de la ciudad. El edificio original, del que se conservan algunos elementos, era de estilo mozárabe, mientras que el que vemos actualmente se corresponde con la restauración llevada a cabo en el siglo XIX tras la ocupación francesa, que lo dejó en estado ruinoso.
Interior del templo. Aunque he leído por ahí que su valor artísitico es escaso, se encuentra bien conservado y su visita es agradable. 
Desde la explanada del santuario se aprecia esta vista de Calatayud.
En el siglo XVI el recinto fortificado de Calatayud volvió a ser reforzado, actuación a la que pertenece la puerta Terrer, en la foto. Enmarcada en el estilo renacentista, destacan sus dos torres cilíndricas. Junto a la puerta se encuentra la fuente de los Ocho Caños.
Ahora nos encontramos en centro urbano de Calatayud, que vamos a recorrer para visitar sus principales puntos de interés.
El primer lugar que visitamos fue la Real Colegiata del Santo Sepulcro, de aspecto monumental y sobrio, con detalles herrerianos en su estilo. Esta colegiata de construyó en el siglo XVII, aunque su origen está en otra anterior, levantada en 1156, en las afueras de la ciudad. En el XVIII se agregaron elementos barrocos, tales como algunas rejas de los altares laterales, el baldaquino o el enriquecimiento de los muros con mármoles, al estilo del barroco italiano.
La llegada de la orden del Santo Sepulcro en Calatayud se remonta al testamento de Alfonso I, el Batallador, conquistador de Calatayud. En su extraño testamento nombraba como sus herederos a las órdenes militares del Santo Sepulcro, del Templo y del Hospital. Aquello trajo sus más y sus menos con la nobleza aragonesa, que se resolvió (sin entrar en detalles) con la concordia entre la orden del Santo Sepulcro y Ramón Berenguer IV. El templo tiene el rango de basílica pontificia, por los que posee las insignias de la umbrela y el tintinábulo.
A diferencia de lo que es habitual en otras iglesias, en la del Santo Sepulcro no encontrarás imágenes de santos ni de advocación alguna presidiendo las hornacinas y altares que normalmente hay repartidos por sus naves, sino que aquí toda la iconografía está dedicada a la pasión y muerte de Jesucristo, representada principalmente en ocho retablos, de gran valor artístico, que ocupan las capillas laterales del templo; como el de la foto, que recoge las escenas de las estaciones del vía crucis decimotercera (Jesús en brazos de su madre) y decimocuarta (Jesús es sepultado).
"Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores". Nosotros no preguntamos por ella, que me habían dicho que a los bilbilitanos no les hace mucha gracia, sino que nos fuimos directamente a su museo, para saber de primera mano qué hay de verdad y de mentira en la leyenda del personaje más famoso de Calatayud. 
Fue este ciego el que dijo aquello de "Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa y amiga de hacer favores". Parece ser que este hombre lo que estaba era agradecido a la Dolores, quien le socorrió cuando él estaba en necesidad; pero ese "amiga de hacer favores" fue mal interpretado. Lo cierto es que los únicos pecados que María de los Dolores Peinador Narvión cometió en su vida fueron quedar huérfana de madre muy pronto y a cargo de un padre ambicioso que, pensando sólo en su carrera política, no echó cuenta para nada de sus hijos; y casarse con un ex militar, cuyas vidas fueron a menos en lo económico y sentimental con el paso del tiempo. Él, Esteban Tovar, fue alejándose poco a poco de su mujer y ella... A ella no se le conoce ningún desliz, aunque quién sabe si a despecho... Imposible averiguarlo ya. Lo que sí parece comprobado es que crío de manera responsable a su numerosa prole y que se ganó la vida trabajando hasta sus últimos días, que los pasó como criada en una casa noble de Madrid. Pero, aunque el ciego lo vio claro al final y se desvivió por deshacer el entuerto, la morbosidad de la gente hizo que la leyenda trascendiese sobradamente a la verdad. "Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que una copla la mató de vergüenza y sinsabores".
El museo dispone de un espacio de restauración, que ha conservado la atmósfera de la posada que fue entre los siglos XIX y XX.
En nuestro paseo por Calatayud pasamos por tres iglesias a las que no pudimos entrar por estar cerradas, pero de las que debemos dejar constancia en este reportaje. La primera es la parroquia de San Andrés, construida en la Edad Media, de estilo mudéjar, aunque los rasgos de tal estilo quedaron ocultados casi en su totalidad con las reformas llevadas a cabo más tarde, principalmente en el siglo XVI. Sobre el conjunto, destaca su campanario mudéjar, cuya fecha de construcción no sabemos;  sólo que está documentada la financiación del cuerpo de campanas en 1509, aunque todo apunta a que la documentación hallada habla de una ampliación de la torre y no de la fecha de su construcción.
La colegiata de Santa María la Mayor es el templo más importante de Calatayud. Como otras tantas de la ciudad, la primera construcción es de estilo mudéjar, aunque fue enriquecida en los siglos posteriores con reformas que dejaron en el monumento la impronta de los estilos arquitectónicos propios de la época en que se llevaron a cabo las sucesivas reformas. Su fantástica portada, por ejemplo, es del siglo XVI. Y, por cierto, la torre que se ve detrás no es la de la parroquia de San Andrés, que acabamos de ver, sino la de la propia colegiata de Santa María. Curiosamente, se trata de dos torres casi gemelas.
Con San Pedro de los Francos volvemos a lo mismo: su aspecto es puramente gótico, en el que destaca su abocinada fachada, si bien la fundación se remonta a la toma de la ciudad por Alfonso I. Este contó en sus huestes con soldados francos, a los que dedicó este templo. Dos hechos históricos tuvieron lugar en el interior de esta iglesia: Primero, fue el lugar donde las Cortes de Aragón proclamaron en 1461 al principe Fernando, el que luego fuera el Católico, sucesor de Juan II; y, en segundo lugar, aquí fue donde se constituyó en primer gobierno de la Comunidad Autónoma de Aragón, en 1978.
Comimos, y muy bien, en el restaurante Puerta de Terrer.
La presencia judía en Calatayud se remonta a la llegada de los árabes a Calatayud. Tras la reconquista, el barrio conservó su estructura e identidad, creciendo de tal manera que llegó a ser la segunda en importancia de Aragón, en competencia con la de la propia Zaragoza. En la foto, la sinagoga Mayor, que fue la principal de las que dispuso el gueto. Tras la expulsión de los judíos de España, la sinagoga fue reconvertida en la ermita de la Consolación.
Desde la judería pueden apreciarse los restos del castillo de doña Martina. Según entiendo (que lo que he leído es bastante farragoso), este fue el primer castillo, el que se construyó en el año 712. Y aquí está la otra teoría sobre el origen del nombre de Calatayud, la que para algunos estudiosos es la más verosímil: Como puede verse en la foto, hay bastante proximidad entre el barrio judío y el castillo de doña Martina, con lo que no sería desatinado llamar a este castillo "el castillo del judío", expresión que en árabe se escribe qal´ at-alyaud. ¿Qal´at Ayyub ó qal´ at-alyaud? This is the question. Fin del paseo por la judería.
Dejamos para la tarde nuestra visita al templo barroco de San Juan el Real. El templo perteneció a los jesuitas hasta su expulsión, en 1767.
Enmarcado, como se ha dicho, en el estilo barroco, el templo muestra particularidades propias de las construcciones de los jesuitas. 
Pero sin lugar a dudas, y con esto acabamos nuestra visita a Calatayud, el principal centro de atención para el visitante de San Juan el Real se encuentra en las pechinas de la cúpula, pintadas por un joven Francisco de Goya, en 1766, con 20 años de edad. Son cuatro retratos de San Agustín, San Ambrosio, San Jerónimo y San Gragorio, padres de la iglesia occidental. Después de esta visita, alargaríamos el día visitando otra localidad que me llamaba la atención.

Daroca
Daroca bien merecía un paseo vespertino por sus calles, y allí nos dirigimos desde Calatayud. Daroca tiene una larga historia, importante en algún periodo que otro. Ya parece que hubo aquí una aldea celtíbera, llamada Darek, pero la primera referencia documental es del año 837, durante la ocupación musulmana, cuando fue llamada Calat-Darawca. Tras su reconquista, llegó a ocupar un lugar de cierta relevancia en el reino de Aragón, con fueros propios y otros privilegios, que le confirieron gran influencia social y militar; así como llegó a tener voto en cortes y ser sede de importantes reuniones. Pedro IV, el Ceremonioso, ordenó que "la villa de Daroca sea llamada ciudad y vostros por tanto ciudadanos". En mi caso, me apetecía recorrer, aunque sólo fuese por un par de horas, sus calles: Daroca fue durante buena parte de la Edad Media una ciudad de frontera, una ciudad lindante con el reino vecino. Referido a la tan tornadiza época de la invasión árabe y reconquista, es lo mismo que decir que era una ciudad expuesta permanentemente a los vaivenes de las batallas y sujeta a las fluctuaciones del poderío de los reinos limítrofes; siempre armada y en alerta; siempre en vilo, siempre vulnerable, amenazada, amedrentada; y, irremediablemente, expoliada y ultrajada de vez encuando. Esta característica hizo que Daroca contase en diversas ocasiones con la presencia de uno de los personajes de armas que más admiramos de aquella época: El Cid Campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar. Aquí estuvo defendiéndola, en más de una ocasión, en la década de los ochenta del siglo XI, cuando la ciudad pertenecía a la taifa de Zaragoza; y aquí pasó la convalecencia de una grave herida recibida en el cuello, en una escaramuza cerca de Albarracín. Daroca está incluida en "El camino del Cid" y, teniéndola tan a mano, no iba a perder la oportunidad de pisar las mismas piedras que él pisara hace ya mil años.

Las apuntadas características geopolíticas de Daroca en el medievo hicieron de ella una ciudad fortificada. Tuvo tres castillos, un recinto amurallado de unos cuatro kilómetros, con cuatro puertas. Esta es la puerta Baja; construida en el siglo XIII, aunque fue objeto de varias reformas con el tiempo. 
Ahora estamos en la plaza de España, donde nos llama la atención este pórtico de piedra y madera, corrido a la largo de la fachada del edificio, que nos transporta ciertamente a otra época.
En la plaza de España se encuentra la basílica parroquial de Santa María de los Sagrados Corporales, de los que hablaremos a continuación. Esta es la fachada renacentista, construida en el siglo XVI, cuando se llevó a cabo una reorientación del templo. En él vamos a encontrar también elementos del románico, construcción original, y del gótico, fruto de intervenciones posteriores.
El interior de la iglesia es rico y posee un interesante conjunto de capillas, de las que la más importante es la de los Sagrados Corporales. Se corresponde con el altar mayor de la primitiva iglesia románica, aunque su aspecto cambió considerablemente al reconvertirla en capilla lateral. Los Sagrados Corporales son seis formas eucarísticas que se transustanciaron en 1236, durante el asedio musulmán al castillo de Xio, en Luchente (Valencia). En la defensa del castillo, sitiado por los sarracenos, había tropas venidas de Daroca, Calatayud y Teruel. Al ser atacados por sorpresa mientras celebraban una misa, el sacerdote que la oficiaba, temiendo lo peor, pues los cristianos se hayaban en franca minoría,  escondió las hostias en un paño. Al finalizar la batalla, que ganaron asombrosamente los aragoneses, el sacerdote fue a recuperar las obleas y comprobó que estaban empapadas en sangre. Tomado como un milagro, los tres tres capitanes de las tropas cristianas quisieron llevarse el paño con las hostias ensangrentadas a su lugar de origen. Al no ponerse de acuerdo sobre quién de los tres se los habría de llevar, el asunto -según cuenta la leyenda- se puso en manos de Dios. Y para que Dios pudiese emitir su dictamen fácilmente, acordaron cargar los corporales en una mula, que no conocía la zona, a la que arrearon para que se pusiese en camino hacia donde su libre albedrío le dictase. Ésta -sigue la leyenda- se encaminó sin vacilar a Daroca, directamente, sin detenerse ni una sola vez para comer, beber o descansar. La leyenda finaliza diciendo que tan pronto como llegó a Daroca, la mula hincó las rodillas en el suelo y falleció ipso facto, exhausta y con los Sagrados Corporales en sus alforjas. Los Sagrados Corporales siguen custodiados en esta capilla, mostrándose todos los jueves y tomando especial protagonismo el día del Corpus.
Esta es la iglesia de San Juan de la Cuesta. Construida en el siglo XII, pertenece arquitectónicamente al gótico-mudéjar, también llamado, gótico del ladrillo. Leyendo ahora para documentar este artículo, compruebo que no anduve muy acertado con la foto que hice de esta iglesia, pues no sale lo que al parecer es lo más interesante que tien: el ábside, que está considerado la muestra más antigua del mudéjar aragonés.
Quizás con algún tramo un poco empinado, Daroca es un sitio agradable de pasear. Esta es la calle San Valero. Se encuentra alejada de la zona que ocupó la judería, pero aprovecharé este pie de foto para decir que aquí también hubo una significativa comunidad judía, que se establece casi a la vez que los árabe , y que pudo alcanzar una población de unos 200 habitantes.
La única razón por la que he elegido esta foto, sobre otras quizás mejores o más interesantes, para el reportaje de Daroca es por su nombre: Calle Almogávares. Ea. Bueno, decir de los almogávares que, aunque los primeros fueron sarracenos, los mejores se fraguaron en el reino de Aragon. Y por su forma de luchar y de concebir la batalla, podríamos incluir en los almogávares al propio Rodrigo Días de Vivar o a nuestro Gran Capitán.
Iglesia de San Miguel, cuya construcción se encuadra entre el románico tardío y el gótico primitivo, levantada entre los siglos XII y XIII. En la foto se puede apreciar la fábrica, de piedra sillar, su entrada abocinada, con cinco arquivoltas y la forma del ábside.. 
Finalizamos nuestro paseo por Daroca. Nos volvemos para nuestra magnífica estancia en el monasterio de Piedra.

Albarracín
En principio, planeamos visitar Albarracín al paso, haciendo una parada de unas horas durante nuestro viaje de vuelta a casa; pero al final optamos por cogernos una habitación de hotel para una noche y verla con algo más de tranquilidad. Varios son los nombres que ha tenido la localidad turolense a lo largo de la historia: el primero que se le conoce es el romano de Lobetum, de donde se deriva el primero de sus gentilicios: Lobetano; mientras que el segundo gentilicio, albarracinense, y el topónimo actual de la localidad se derivan de Aben Razin, nombre de una familia de bereberes (que no árabes), reyes taifas del lugar. También hay otra teoría que dice que el nombre le viene del celta. Albarracín es incorporada al reino de Aragón, en 1284, por Pedro III; pero, curiosamente, no se la arrebató a los musulmanes, como sería normal encontrándonos en la Reconquista, sino a Pedro Ruiz de Azagra, noble de Navarra que había establecido en Albarracín su señorío independiente en 1170, tras haberle confiado su gestión el rey Lobo, de las taifas de Valencia y Murcia. Pero, aparte de su historia, Albarracín es uno de los pueblos más bonitos de España y bien merece ir a visitarla y darse un paseo por sus empinadas y estrechas calles, que te transportarán, entre jadeo y jadeo, a una época bien alejada de la actual.

Hotel Albarracín, de tres estrellas, en el que nos hospedamos. No fue el mejor hotel en el que hemos estado durante nuestros viajes "a lo largo y ancho de este mundo", pero, al menos, tuvimos un sitio donde pasar la noche. Tampoco fue el más caro. El edificio es la antigua casa-palacio, de la Brigadiera. Su construcción es del siglo XV, y el nombre le viene por la viuda de un brigadier que defenestró a uno de los oficiales franceses, a los que tuvo que alojar en su palacete durante la invasión napoleónica, cuando quiso propagarse con ella.
Plaza Mayor de Albarracín, envuelta, como en todo el entramado de sus antiguas calles, en una sugestiva atmósfera medieval.

No todo es cuesta arriba en Albarracín... pero casi. ¿Comprendéis por qué decía antes lo de "entre jadeo y jadeo"?
Si no me falla la memoria, esta es la calle Chorro, donde encontramos un buen sitio para comer: El Rincón del Chorro.
Aunque ya estábamos en la segunda quincena de mayo, hacía "fresquito" aquel día en Albarracín, como puede deducirse viendo esta foto de Marián en el mirador del ayuntamiento. Y eso que todavía no se había puesto el sol.
Paseando por sus calles, la hoz del rio Guadalaviar te regalará alguna que otra vista de Albarracín tan preciosa como ésta.
Portal del Agua, considerado monumento nacional, como todo el conjunto fortificado de Albarracín. Parece ser que por aquí es por donde los lobetanos se abastecían de agua del rio Guadalaviar, cuando eran asediadados.
Un par de fotos más en las que queda de manifiesto el aire medieval que se da todavía en Albarracín.
Si hay una estampa inconfundible de Albarracín, esa es la casa de la Juianeta. Según nos contó el guía turístico de El Andador, allá por los años 60 ó 70 del siglo pasado, esta casa apareció en National Geographic, lo que le dio una popularidad tremenda. Pero el valor principal de la casa de la Julianeta es que se trata de una construcción humilde del siglo XIV, de lo que dan fe sus irregularidades y curiosidades, como el hecho de no disponer de balcones ni ventanas, a excepción del ventanuco que se ve en la foto. El nombre le viene, al parecer, del nombre de una mujer que fue dueña de la casa en algún momento de su larga existencia.
En una época en la que no existía internet o el gps, ni nada que se le pareciese, nos contaba el guía, que tras la aparición de la casa de la Julianeta en National Geographic, empezaron a llegar turistas que, con el ejemplar de la revista en la mano, preguntaban a los lugareños por la localización de la casa.
 El simpático guía de El Andador nos hace sus comentarios sobre el Portal de Molina, lugar en el que nos encontramos. Es uno de los restos mejor conservados del recinto amurallado que protegía la ciudad. El nombre le viene de que por esta puerta se salía en dirección a Molina de Aragón.
Estos aldabones, con forma de lagartos, proliferan en las casas albarracinenses. Cuenta la historia que el obispo de Albarracín de la época en que se construyó el palacio episcopal observó que en la zona había muchos lagartos, y pensó reproducirlo en los llamadores de la casa. Aquella idea empezó a ser imitida por los nobles, hasta convertirse en símbolo de poderío, de ahí que en algunas casas se ponían varios llamadores. Además, también se creía que el lagarto era protector de la casa y símbolo de properidad; esto debido a que los lagartos aparecen en primavera, cuando se retira la nieve y el frío, el sol vuelve a calentar, las cosechas a brotar, se esquilaban las ovejas y, en definitiva, el dinero volvía a entrar en la casa.
Catedral de Albarracín, vista desde atrás. El edificio actual se empezó a construir en 1572, si bien Albarracín tiene catedral desde 1172. Luego, en el siglo XVIII, fue objeto de una adecuación a la estética del barroco. La advocación del templo es el de Transfiguración del Salvador.
Casa museo que reproduce lo que era una casa noble antigua de Albarracín.
Encontrate con una fachada de este azul tan llamativo, en un pueblo en el que el tono rojizo impera en sus fachadas, sorprende y mucho, pero tiene su porqué. En el siglo XVII, vivía en Albarracín una familia noble guipuzcoana llamada Navarro de Arzuriaga. Un joven de la familia viajó a Andalucía, en época de la transhumancia, y se enamoró de una joven, con la que se casó. La muchacha llevó muy mal el cambio de aires, especialmente por el clima y el aspecto de su nuevo lugar de residencia, tan diferente a la luminosidad de las casas de sus lugar de origen. Su marido, que realmente estaba enamorado y sufría por el malestar de su esposa, pintó de azul su casa, toda una osadía, y construyó un patio andaluz en el interior de la vivienda. Y parece ser que a, tanto por las modificaciones introducidas en su casa como por las muestras de amor de su pareja, la mujer venció su añoranza y empezó a ser feliz.
Y nos despedimos de Albarracín, y ponemos el punto final a nuestro viaje, con esta vista del castillo de Albarracín, que no visitamos porque el cansancio ya hacía mella en nosotros, y su muralla, conjunto considerado Bien de Interés Cultural. El castillo se construyó en sl siglo X. Con la disgregación del califato de Córdoba, el castillo es convertido en alcazaba o ciudadela, donde residía el soberano de la taifa. Durante los años 90 del siglo pasado se llevó a cabo una importante labor de investigación y restauración, que, completada con otra intervención llevada a cabo entre 2004 y 2006, sirvió para recuperar le monumento para su visita. Nosotros ponemos rumbo a Córdoba, a casa, como siempre, cansados pero contentos.

Las fotos de este artículo, y alguna más editada, podéis verlas en este enlace de Google Drive. Y, como digo siempre, si queréis descargar alguna, mejor que lo hagáis desde el Google Drive que desde este artículo, ya que las de allí tienen algo más de resolución.

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